viernes, 18 de septiembre de 2015
DIEZ por Piero Galasso
jueves, 23 de julio de 2015
DIEZ por Luc Dupont.
Si no sabes escribir en papel , escribe en pieles curtidas
Si no sabes vivir, abréme la botella negra de Jack
Si tienes corazón, te fundirán los plomos y las vidas
Temblando vamos raspando las valientes olas de mar.
Aquellas chicas fueron magníficas, las canciones eran míticas
Nuestras químicas eléctricas ofrecieron fuegos de verdad
Decían los del pueblo que nunca tuvo tantas luces
La plaza del centro, con sus sombras a punto de estallar
Pero mis planes de verano se resbalaron, en el borde de la piscina,
Tu calor me suda a tí,mi aire condicionado de caramelo
Las balas ya no rozan todos mis oídos ni de lejos
Si todo lo que quiero es decir que tengo todo lo que quiero.
Si supiera entender poesía, si pudiera robar tu divina inspiración
Sería una apisonadora de letras solteras que te robaría los pies
Sería un killer de los versos y un violador de tus márgenes
Entonces la magia tendría un precio y yo lo pagaría por diez.
Luc Dupont.
Si no sabes vivir, abréme la botella negra de Jack
Si tienes corazón, te fundirán los plomos y las vidas
Temblando vamos raspando las valientes olas de mar.
Aquellas chicas fueron magníficas, las canciones eran míticas
Nuestras químicas eléctricas ofrecieron fuegos de verdad
Decían los del pueblo que nunca tuvo tantas luces
La plaza del centro, con sus sombras a punto de estallar
Pero mis planes de verano se resbalaron, en el borde de la piscina,
Tu calor me suda a tí,mi aire condicionado de caramelo
Las balas ya no rozan todos mis oídos ni de lejos
Si todo lo que quiero es decir que tengo todo lo que quiero.
Si supiera entender poesía, si pudiera robar tu divina inspiración
Sería una apisonadora de letras solteras que te robaría los pies
Sería un killer de los versos y un violador de tus márgenes
Entonces la magia tendría un precio y yo lo pagaría por diez.
Luc Dupont.
viernes, 17 de julio de 2015
ORQUÍDEAS por Piero Galasso
Felicidad. Todas las canciones suenan mejor después de
trabajar. Y eso que de ocho a nueve,como antesala del mejor programa de radio
en español, en mi emisora predilecta tiene lugar el programa radiofónico que
casualmente más detesto. El locutor ,con su lastimosa cadencia de voz y su
terrible exceso de protagonismo, consigue que odie el cine y todo lo que lo
rodea con esas grandes palabras para catalogar una película cuando al final hay
dos categorías para las películas, me emociona y no me emociona. Y de verdad
tengo interés en lo que puedan decir actores, directores y hasta los
productores, pero me supera ese comportamiento de artista del presentador que ,
en mi opinión, debería limitarse a ser un transmisor de opiniones ajenas y
olvidar su repetitiva actitud. Estulticia elevada al cubo. Pero, ay amigo,
cuando dan las nueve y la pedantería cinematográfica desaparece, se hace de día
hasta en invierno cuando suena la sintonía de Flor de pasión y Juan de Pablos
se adueña del sonido durante dos horas. Me proyecta hacia los años 40, 50 y 60
y me vuelve loco porque es el tipo de música que considero más pura. La música
raiz de toda la que viene después, como un liviano elemento generador de
satisfacción. Era una época en la que los músicos disfrutaban de veras con lo
que hacían ganando tres duros y con actitud de currante ante una disciplina
creativa. Sin vanidad ni egoismos sólo trabajo duro y armonía. No suenan
canciones lastimosas , sólo canciones vitalistas que me inoculan ganas de
bailar , de reir , de gritar y disfrutar. Tu mente está despreocupada de
tareas, números y menudencias y sólo está la carretera, el coche, tú y el
altavoz. Y de repente suena la joya. He descubierto una nueva canción de los
Beatles. En realidad es una versión de the crickets que grabaron en los
estudios de la BBC. La interpretan George y Paul y lo que siento cuando la
escucho es la sensación del deber cumplido y la expectación ante el placer que
está por venir. Esa deliciosa ansiedad previa a procastinar en compañía de
otras personas. Y escucho la melodía en bucle durante días, me la aprendo y la
canto durante meses hasta que Juan de Pablos vuelve a descubrirme otra nueva
versión de los Beatles, y la incorporo al catálogo de canciones que he
descubierto gracias a él y pienso en el día en que no haya Flor de Pasión y me
sobreviene la amargura hasta que descubro otra obra de lennon y Mccartney
cantada por Peter and Gordon A world
without love. Al escucharla y pensar en el día en que de Pablos muera o lo
echen, se me viene a la mente Cortázar y su muerte de los genios y tarareo:
You never wear a stitch of lace
Your powder´s never on your face
You´re always wearing jeans except on Sunday
So please don’t ever change
Now don´t you ever change
I kinda like the way you are
sábado, 11 de julio de 2015
ORQUÍDEAS por Luc Dupont.
Ilustres ignorantes me retan con la
mirada,
si me miras las suelas lo adivinas;
lo entenderás por la forma de mis
pisadas,
que destrozo los zapatos entre
alegrías.
Son esperanzas recién pintadas;
las de no las toques que te manchas;
las de no encuentro mi mediodía
esas que antes, joder si dolerían.
Deliro noches perfectas contigo
contigo me nacen flores y palabras;
entre ansiedades y nuevos suspiros
entre viejos trucos y abracadabras
Gracias por venir, me dijo el señor
tiempo
yo le pregunté por pieles nuevas;
estoy juntando para este invierno
canciones viejas, que merezcan la pena
Si no nos morimos en verano
con las olas de calor anticipadas
que nos queden balas para matarnos,
que nos queden imaginaciones renovadas
Luc Dupont
jueves, 25 de junio de 2015
VOLVER por Piero Galasso
La vida se presenta como el saludo entre dos buenos amigos. Es un acto sincero y fácil. Se acercan las manos se agitan con fuerza y las energías confluyen sin más. Hola como estás y pongámonos al día. Ya no se buscan aeropuertos lejanos porque han dado paso al bar de la esquina . No necesito irme a Tailandia para ponerme moreno ni me hace falta correr por Hyde Park para sentirme en paz con mis ansias de invadir territorio desconocido. Tengo un pensamiento global enamorándome de lo local. Si quiero visitar Francia, hablo francés con un turista de Nantes y le vendo todo lo que puedo. Se mi manca la Italia , mi italiano se pone a prueba todos los días con el dueño de la mejor pizzeria de toda Galicia. Y si quiero Inglaterra , mastico palabras en inglés con una mujer de Gales que lleva veinte años en España y sus labios me arrojan un hola tan tímido que me entran ganas de escaparme con ella en un viaje sin vuelta ni principio por el pueblo de al lado.
El verdadero cambio está en irradiar energía y fuerza y no estar ni parecer cansado nunca. Siempre con una broma , una palabra amable y ganas de mejorar y eliminar los defectos. No me puedo vanagloriar de mis taras e intento eliminarlos poco a poco, sin volverme loco.
Además, cuido la tierra y me vuelvo un poco más disciplinado y aprendo a ser paciente.
En un pasado sólo escribía acerca de futuribles escenarios donde mi personaje podría ser feliz y ahora pinto la felicidad con la mano torpe del aprendiz que lo quiere saber todo aprendiendo del vecino,del abuelo, en resumen, de los que han creado el juego. Me he olvidado de ti y de tus manierismos y soy libre por fin , me he reconciliado conmigo mismo y ya no quiero ponerme a prueba a cada dos minutos. Sigo corriendo por la vida sin necesidad de cargar con ningún tipo de peso y afrontando cualquier cosa con una actitud enérgica y genuina.
He eliminado la estacionalidad de mi carácter y soy lo que quiero ser cada mañana.
Piero Galasso
El verdadero cambio está en irradiar energía y fuerza y no estar ni parecer cansado nunca. Siempre con una broma , una palabra amable y ganas de mejorar y eliminar los defectos. No me puedo vanagloriar de mis taras e intento eliminarlos poco a poco, sin volverme loco.
Además, cuido la tierra y me vuelvo un poco más disciplinado y aprendo a ser paciente.
En un pasado sólo escribía acerca de futuribles escenarios donde mi personaje podría ser feliz y ahora pinto la felicidad con la mano torpe del aprendiz que lo quiere saber todo aprendiendo del vecino,del abuelo, en resumen, de los que han creado el juego. Me he olvidado de ti y de tus manierismos y soy libre por fin , me he reconciliado conmigo mismo y ya no quiero ponerme a prueba a cada dos minutos. Sigo corriendo por la vida sin necesidad de cargar con ningún tipo de peso y afrontando cualquier cosa con una actitud enérgica y genuina.
He eliminado la estacionalidad de mi carácter y soy lo que quiero ser cada mañana.
Piero Galasso
jueves, 7 de mayo de 2015
VOLVER por Luc Dupont.
Volver es regresar. Volver es retornar. Es reaparecer. Venir. Llegar. Es reanudar; es retomar, reemprender, reiterar, repetir. Es ponerle re a algo que fue y no es pero que sabías que no estaba terminado; que por mucho que lo postergues, que le des al botón de suspender sesión, es imposible que le des al de apagar, por que apagando estarías matando una parte de tí. Estarías killing you softly. Y no.
Volver es invertir, girar, virar. Es voltear, es torcer. Volver a escribir algo, aunque sea una nota en un post it, aunque sea tu nombre en la pared, aunque sea simplemente coger el bolígrafo con la intención de, aunque sea acariciar las teclas del ordenador con el anhelo de. Volcar. Volcar tu rabia, volcar tus alas, volcar tus miedos, tus desidias, tus deseos, tus rutinas, tus sueños, tus secretos; tu todo,volcar tu mierda, tu cielo, tu corazón, tu intestino, tu estrella, tu cruz, tu suerte. Vuélcate. Y revuélcate. Y volcar es volver. Y volver es abrir de nuevo esa puerta de la habiación que te pegas el lujo de tener cerrada. La habitación de la magia.
Volver es cambiarse, transformarse, convertirse, renovarse , mudarse. Revolver es volver dos veces. Devolver es inútil encima de un papel. Hay que vomitar. De nada sirve buscarse la garganta con los dedos si no es para sacarse las entrañas y exhibirlas como sangrantes premios Planeta. Si no tienes trofeos que exhibir solo te queda sacarle brillo a tus agallas.
Abro la puerta con cuidado, me da miedo por la ausencia. Mi ausencia. No entraba en esta habitación hace meses pero no importa. Por que siempre estará hasta que yo esté. Aunque yo me haga otro y el otro lo postergue, lo evite, lo esconda, lo oculte, lo pise, lo suspenda. La habitación se abrirá. Y yo volveré.
Luc Dupont
Volver es invertir, girar, virar. Es voltear, es torcer. Volver a escribir algo, aunque sea una nota en un post it, aunque sea tu nombre en la pared, aunque sea simplemente coger el bolígrafo con la intención de, aunque sea acariciar las teclas del ordenador con el anhelo de. Volcar. Volcar tu rabia, volcar tus alas, volcar tus miedos, tus desidias, tus deseos, tus rutinas, tus sueños, tus secretos; tu todo,volcar tu mierda, tu cielo, tu corazón, tu intestino, tu estrella, tu cruz, tu suerte. Vuélcate. Y revuélcate. Y volcar es volver. Y volver es abrir de nuevo esa puerta de la habiación que te pegas el lujo de tener cerrada. La habitación de la magia.
Volver es cambiarse, transformarse, convertirse, renovarse , mudarse. Revolver es volver dos veces. Devolver es inútil encima de un papel. Hay que vomitar. De nada sirve buscarse la garganta con los dedos si no es para sacarse las entrañas y exhibirlas como sangrantes premios Planeta. Si no tienes trofeos que exhibir solo te queda sacarle brillo a tus agallas.
Abro la puerta con cuidado, me da miedo por la ausencia. Mi ausencia. No entraba en esta habitación hace meses pero no importa. Por que siempre estará hasta que yo esté. Aunque yo me haga otro y el otro lo postergue, lo evite, lo esconda, lo oculte, lo pise, lo suspenda. La habitación se abrirá. Y yo volveré.
Luc Dupont
sábado, 28 de marzo de 2015
INCERTIDUMBRE por Piero Galasso
El otro día me desperté sobresaltado. Mi corazón se agitaba en mi pecho y mis costillas sufrían para contenerlo y mantenerlo cautivo en su sitio. Los músculos de mis piernas se emborrachaban de ácido láctico como si hubiesen estado en tensión durante un largo periodo de tiempo. Me preguntaba si había estado durmiendo o corriendo. Tenía la boca seca y una explicación en la cabeza. Los estertores del sueño más disparatado bailaban en donde quiera que se ubican los sueños en mi cerebro.
La localización era una basta pradera y yo corría como si me fuera la vida en ello, como mi perro cuando le lanzo su juguete preferido lo más lejos que puedo. No estaba sólo en la fantasía pero no recuerdo su rostro sólo sé que no iba sólo y esa persona me apuraba, me clavaba velocidad en las orejas repitiendo sin cesar palabras de prisa y angustia. Algo grande nos perseguía, ¿pero qué?.
El verdor de repente dió paso a la frondosidad de un bosque conformado por árboles de lo más variopinto y cada uno era de un tamaño irreal. Como pude, trepé unos 27 metros y me encaramé a lo alto de una higuera cuyos frutos tenían el tamaño de bolas de bolera, del tamaño más grande. En ese momento ya me encontraba en soledad, la otra persona había desaparecido y descubrí lo que me perseguía y me volví mudo de forma voluntaria. El miedo , de esta manera, realzó lo que mis ojos y oídos percibían. Eran dos avestruces de unos quince metros de alto que hablaban entre ellas preguntándose donde estaba el cabrón que se había escapado. Parecían dos esbirros buscando algo valioso para el villano de turno y yo sólo me preguntaba si el oído de esos bichos podría escuchar el estruendo que emitía mi caja torácica. De repente, un higo gigante se cayó de maduro y reventó en mi cabeza provocándome el grito, delatando mi presencia ante las persecutores que se giraron hacia la higuera y comenzaron a golpearla con sus patas hasta hacerla caer. Cuando mi cuerpo está a punto de tocar el suelo, abro los ojos e intento comprender que es lo que ocurre.
Piero Galasso
martes, 23 de diciembre de 2014
INCERTIDUMBRE por Luc Dupont
Era Sábado. Noche. Su razón de vivir era oler por primera vez aquel aroma masculino que la alborotaba, que la llevaba a una galaxia mucho más maravillosa que la endémica vía de la leche. Lluvia. Viento. Y sangre en las venas para alcanzar la puerta de casa y prometerse no volver jamás. Como siempre. Y como nunca se atrevía a hacerlo. Aquella idea luminosa simplemente era un rayo de sol impermanente en una tormenta eterna llamada familia no deseada. Como todas.
Escribir letras a través del teclado del ordenador para comunicarse con aquel hombre desconocido se le semejaba a dibujar las teclas del piano, a acariciarlas con las yemas de sus dedos, esas manos deseosas de ser impuras. Aquella locura cibernética se comía sus horas, sus rutinas y amistades. Como las personas hacen siempre, se enganchó de la obsesión más absurda y se vió con fuerzas de creer en un nuevo amor y sacar su apolillada inocencia del cajón de los muertos.
Mientras se vestía para la cita con el que podría ser el hombre de su vida o más bien podría ser un gañán; bailó ante el espejo una danza infinita consigo misma. Comprendía ya, a pesar de su pronta edad, que el amor es de uno solo, que aquella fuerza inhumana era pasajera y por lo cual había que bailarla, reirla y hacerle el amor hasta que todas las barcas de los románticos pescadores de su cabeza decidieran abandonar la isla de las utopías y establecer de nuevo el gris toque de queda.
A cada paso que avanzaba hacia la realidad de aquel encuentro desesperado de las nueve de la noche en un bar mal elegido, todo se iba ralentizando. Sus piernas, su corazón, su nave de regreso a las lunas de Júpiter se destrozaban en medio del mayor espectáculo de todos. La incertidumbre.
Luc Dupont.
Escribir letras a través del teclado del ordenador para comunicarse con aquel hombre desconocido se le semejaba a dibujar las teclas del piano, a acariciarlas con las yemas de sus dedos, esas manos deseosas de ser impuras. Aquella locura cibernética se comía sus horas, sus rutinas y amistades. Como las personas hacen siempre, se enganchó de la obsesión más absurda y se vió con fuerzas de creer en un nuevo amor y sacar su apolillada inocencia del cajón de los muertos.
Mientras se vestía para la cita con el que podría ser el hombre de su vida o más bien podría ser un gañán; bailó ante el espejo una danza infinita consigo misma. Comprendía ya, a pesar de su pronta edad, que el amor es de uno solo, que aquella fuerza inhumana era pasajera y por lo cual había que bailarla, reirla y hacerle el amor hasta que todas las barcas de los románticos pescadores de su cabeza decidieran abandonar la isla de las utopías y establecer de nuevo el gris toque de queda.
A cada paso que avanzaba hacia la realidad de aquel encuentro desesperado de las nueve de la noche en un bar mal elegido, todo se iba ralentizando. Sus piernas, su corazón, su nave de regreso a las lunas de Júpiter se destrozaban en medio del mayor espectáculo de todos. La incertidumbre.
Luc Dupont.
MONA por James Duluth
Otra vez en la encrucijada. Punto de partida. Mi zona de confort se deshace cada 6 meses y me gusta y lo detesto a partes iguales. Evoluciono con el llanto y la risa como pararrayos. Soy unos de esos amantes que se recuerdan con ardor pero nunca con amor y esto es lo más triste que he escrito en mi vida. No puedo obviar el hecho de que he perdido facultades y me inclino poco a poco cruzando ese arco que me quita capas de vida y cada vez se me notan más los huesos. A veces releo lo que fui y maldigo a mi ego por tener que anteponer su dicha al bien ajeno. Maldita la importancia que le di a banalidades y necio fue el movimiento con el que aparté un podemos por un claro que puedo yo solo cojones. Mochila y café sólo. Viento y folios en blanco. Verdades sin un oído amable al que derretir con mi fuego. Lucha y último pasaje de mis memorias. Estoy expectante.
James Duluth
James Duluth
martes, 16 de diciembre de 2014
MONA por Luc Dupont.
Se acordó de aquella risa aguda que soltó su hijo cuando al chocar sus copas de vino para brindar por algo que había celebrar aquel día, se rompieron ambas, acompañando el sonido del chasquido de cristales con una desconocida risa a lo castrati.
Se acordó del empecinamiento de su hijo en preferir las letras a los goles. ``Si se pasara tanto tiempo con el balón como con esos malditos libros sería un crack´´, se decía el progenitor, inocente y temeroso de llenar su cabeza de pensamientos explosivos.
Se acordó de cuando en las fiestas del pueblo los niños cantaban aquello de ``Germán mariquita. le gustan las pililas´´. El provinciano progenitor, enfadado, les gritó a aquellos hijos de su madre que se callaran la puta boca. Pero él se la calló también porque no se atrevía a iniciar una conversación pendiente con su hijo que se iba convirtiendo en una pelota grande, enorme, que lo perseguía por todos los recovecos de su mente.
Se acordó de aquellas navidades cuando tuvo la estúpida idea de decirle a su hijo y a su mujer que debían volver a poner un árbol de navidad, que aunque el ``niño ya está grande´´, ``hay que sacar el árbol del trastero y colocar las bolas y las figuras que queráis´´. Fue allí, en medio de las risas familiares, que se cayó aquella bola dorada del árbol y Germán se agachó para recogerla. Fue ese momento. El padre bajó la mirada y su sonrisa se torció en mueca histriónica al percibir el tatuaje que tenía su hijo encima de lo puerilmente denominado hucha, y menos puerilmente la raja del culo. Hasta le pareció que aquel tatuaje del conejito de playboy le guiñaba el ojo.
Se acordó de tantas cosas y sin embargo se quedó sin aire cuando Germán soltó aquellas mágicas palabras de:
-Papá, éste es Antonio.
Luc Dupont.
miércoles, 26 de noviembre de 2014
MONA por Piero Galasso
Son las siete y treinta y nueve de la mañana. Me despierto con la carcajada de un chileno provocada por el impacto de la cabeza de una australiana contra la litera donde he dormido, con suerte, tres horas. Acompaño al chileno de nombre Armando en la mofa y de un salto me separo de Amanda, que así se llama la chica de Oceanía, y me meto en el baño compartido con toda una planta del Hostal Amarillo en esta loca ciudad que es Roma. No recuerdo nada de la noche anterior más allá del comienzo en esta misma habitación con 3 australianas( Beth, Laurie y Amanda) Armando y dos botellas de Amaro del Capo. Al mirarme en el espejo me veo en la mejilla izquierda una quemadura de cigarrillo y en la derecha un chupetón del tamaño de una mandarina y otro un poco más pequeño a la altura del pezón derecho. Parece como si alguien creyese muerto a mi pezón e intentase reanimarlo de una forma bastante cómica. En estos momentos mi novia estará pensando ya en cuantas veces le habré sido infiel y realmente sólo puedo prometerle fidelidad en mi destino final.Por el camino seré todas las canciones que me apetezca ser sin ataduras morales ni duelos internos. De todas maneras, en su cabeza ya bulle la imagen de una miniatura de mí mismo follando con cuanta mujer se me ponga por delante en Italia y no importa cuantas veces niegue la mayor, únicamente pecaré en Roma y en el trayecto del tren que me lleve a rozar con los dedos Sicilia. En Calabria seré tan fiel, permitiéndome licencias como jugar al igual que los adolescentes pero sin llegar a ser infiel con todas las de la ley , como sus habitantes al peperoncino. Entregar un poco de luz a la duda permanente hacia uno es liberador y placentero . Actualmente soy un hijo de puta en varios idiomas pero flotar hambriento durante 50 horas a lo largo y ancho de Roma es una oportunidad de ser libre en todas las esferas, que no me puedo permitir dejar de ser yo por ser el alguien de otra persona. Contemplo el reflejo en el espejo y éste me grita que tiene 23 años y cero remordimientos o resaca sólo hambre, un hambre inusitado que acelera los sentidos en una espiral de gula insondable. Me quiero comer Roma y sus piedras y cómo no tengo nada que hacer durante 36 horas preparo mi estómago para la digestión pesada de toda la belleza de siglos de historia.
Piero Galasso
Piero Galasso
viernes, 14 de noviembre de 2014
CARTAS por Piero Galasso
Año 1996. 19 35 horas .34-35 New Bond Street. Casa de subastas Sotheby´s.
En subasta 158 cartas entre el pintor y egiptólogo español Rigoberto Pértolez Moncano, autor de innumerables retratos de personalidades europeas de la época así como destacable fue su etapa como pintor al servicio de la monarquía española desde que creó " La marcha del Infante Gabriel" y fue destinatario de buena parte del mecenazgo de la misma, y Pablo 1 de Grecia.El lote data de un periodo que da comienzo el 18 de Nobiembre de 1935 y termina el 18 de Mayo de 1946 . De estas misivas se dice que contienen importante información acerca de la cultura egipcia y,según las malas lenguas, de la existencia de una relación más que de mecenazgo entre los dos caballeros. Como punto anecdótico, la última carta jamás ha sido abierta.
La puja comienza en 25.000 libras esterlinas y el lote de correspondencia es adquirido por el caballero da la tablilla con el número 29, Alexander Preytt por un precio total de 49.000 libras. El señor Preytt representa a un fondo privado de marchantes de arte especializados en recabar piezas de interés que tengan relación con Egipto y en especial con la esfinge de Gizeh. Alexander ha ido adquiriendo a cualquier precio documentos, estatuillas, periódicos y como en este caso cartas que mencionen o contengan información sobre la esfinge. Tras extender el cheque , Alexander se dirige al automóvil en marcha que le espera en la puerta del edificio con las cartas en un maletín con combinación cifrada. En el interior del automóvil una voz ,la cual el portador no reconoce, hace la siguiente pregunta:
-¿ Has abierto la última carta?
Alexander sorprendido aunque hastiado de que se dude de su honorabilidad responde con un escueto
- Como de costumbre mi intervención en estos casos es de lo más anecdótica.
- Bien , bien. Aunque, desafortunadamente( desde este momento Alexander yo no escucha nada dado que el paquidérmico chófer, Gundisalvus, se abalanza sobre él ahogándolo con sus propias manos y dándole muerte) la información que creemos contiene la carta del 18 de Mayo es de tal relevancia que no podemos dejar ningún cabo suelto. Muchas gracias por sus servicios, su familia será atendida como es habitual en estos casos. Gundisalvus , haga el favor de llevarme al 49 de la Fitzjohn´s Avenue.
Durante el trayecto y tras dar la orden, el asesino de Alexander se entretuvo pensando en que serán esos 21 gramos que pierde un cuerpo humano al fallecer. Se preguntaba si la muerte suponía el comienzo de algo nuevo en otro cuerpo y dimensión o si simplemente sería la misma repetición palmaria una y otra una y esos 21 gramos fuesen la cantidad exacta de peso que perdía un hombre durante el coito.
Una vez en destino, y antes de ingresar en el edificio el asesino de Alexander abrió el maletín, rompió el sobre de la carta y leyó lo que sigue:
Querido Pablo:
Cada día me maravillo por lo afortunado que soy de vivir en esta época. Ni siquiera la histérica temperatura de Egipto nubla mi ambición. Hemos descubierto notables diferencias en la erosión en distintas partes de la esfinge, parece como si el tallado de la cabeza fuese posterior al del cuerpo por no mencionar la más que evidente diferencia de tamaño entre las dos partes.Parece como si el cuerpo fuese mucho más antiguo y al tocarlo se deshace como si hubiese sido expuesto a recios aguaceros y temperaturas tropicales y esto es un desierto. ¡Una escultura erosionada por lluvias torrenciales en el desierto! Pero ese hallazgo no es lo más asombroso. El día 3 de Abril de este año, Amir mi mozo de carga, tropezó con un saliente que salía del suelo en la retaguardia de la impresionante estatua. Intrigado comenzó a escarbar y accedió a una pequeña cámara. Inundado de alegría acudió a mi encuentro y tras escucharle, hice que todo el personal dejase lo que estaba haciendo y nos dirigimos a comprobar el hallazgo de Amir. ¡Dios santo! Amir había descubierto la entrada a una red kilómetrica de cámaras bajo el desierto que quien sabe cuando había sido construida. Lo más impactante, lo que me ha hecho cambiar mis teorías y dudar hasta de mi condición de ser humano incluso es lo que encontré en el kilómetro 2 cuando (A partir de aquí se tachan 10 folios completos y se lee en árabe lo siguiente أبو الهول سوف تسمح أبدا سر من يكتشفها. أنك لن تمر من هنا كنت سخيف وطي !!!! قد يكون االله معك وإذا قمت بإرسال مثلي الجنس الداعر آخر للتحقيق بشأن الإمبراطورية المصرية سوف تبدأ الحرب العالمية الثالثة. وعدت بالسماح يكون سرا كما أنه كان لأكثر من 20،000 سنة، وسوف إنسانية لا معرفة عن شيء لا يمكن كشف البشر. هذه هي المرة الأخيرة.
Y con la uña del dedo índice el asesino de Alexander rascó lo que parecía ser sangre seca .
Piero Galasso
En subasta 158 cartas entre el pintor y egiptólogo español Rigoberto Pértolez Moncano, autor de innumerables retratos de personalidades europeas de la época así como destacable fue su etapa como pintor al servicio de la monarquía española desde que creó " La marcha del Infante Gabriel" y fue destinatario de buena parte del mecenazgo de la misma, y Pablo 1 de Grecia.El lote data de un periodo que da comienzo el 18 de Nobiembre de 1935 y termina el 18 de Mayo de 1946 . De estas misivas se dice que contienen importante información acerca de la cultura egipcia y,según las malas lenguas, de la existencia de una relación más que de mecenazgo entre los dos caballeros. Como punto anecdótico, la última carta jamás ha sido abierta.
La puja comienza en 25.000 libras esterlinas y el lote de correspondencia es adquirido por el caballero da la tablilla con el número 29, Alexander Preytt por un precio total de 49.000 libras. El señor Preytt representa a un fondo privado de marchantes de arte especializados en recabar piezas de interés que tengan relación con Egipto y en especial con la esfinge de Gizeh. Alexander ha ido adquiriendo a cualquier precio documentos, estatuillas, periódicos y como en este caso cartas que mencionen o contengan información sobre la esfinge. Tras extender el cheque , Alexander se dirige al automóvil en marcha que le espera en la puerta del edificio con las cartas en un maletín con combinación cifrada. En el interior del automóvil una voz ,la cual el portador no reconoce, hace la siguiente pregunta:
-¿ Has abierto la última carta?
Alexander sorprendido aunque hastiado de que se dude de su honorabilidad responde con un escueto
- Como de costumbre mi intervención en estos casos es de lo más anecdótica.
- Bien , bien. Aunque, desafortunadamente( desde este momento Alexander yo no escucha nada dado que el paquidérmico chófer, Gundisalvus, se abalanza sobre él ahogándolo con sus propias manos y dándole muerte) la información que creemos contiene la carta del 18 de Mayo es de tal relevancia que no podemos dejar ningún cabo suelto. Muchas gracias por sus servicios, su familia será atendida como es habitual en estos casos. Gundisalvus , haga el favor de llevarme al 49 de la Fitzjohn´s Avenue.
Durante el trayecto y tras dar la orden, el asesino de Alexander se entretuvo pensando en que serán esos 21 gramos que pierde un cuerpo humano al fallecer. Se preguntaba si la muerte suponía el comienzo de algo nuevo en otro cuerpo y dimensión o si simplemente sería la misma repetición palmaria una y otra una y esos 21 gramos fuesen la cantidad exacta de peso que perdía un hombre durante el coito.
Una vez en destino, y antes de ingresar en el edificio el asesino de Alexander abrió el maletín, rompió el sobre de la carta y leyó lo que sigue:
Querido Pablo:
Cada día me maravillo por lo afortunado que soy de vivir en esta época. Ni siquiera la histérica temperatura de Egipto nubla mi ambición. Hemos descubierto notables diferencias en la erosión en distintas partes de la esfinge, parece como si el tallado de la cabeza fuese posterior al del cuerpo por no mencionar la más que evidente diferencia de tamaño entre las dos partes.Parece como si el cuerpo fuese mucho más antiguo y al tocarlo se deshace como si hubiese sido expuesto a recios aguaceros y temperaturas tropicales y esto es un desierto. ¡Una escultura erosionada por lluvias torrenciales en el desierto! Pero ese hallazgo no es lo más asombroso. El día 3 de Abril de este año, Amir mi mozo de carga, tropezó con un saliente que salía del suelo en la retaguardia de la impresionante estatua. Intrigado comenzó a escarbar y accedió a una pequeña cámara. Inundado de alegría acudió a mi encuentro y tras escucharle, hice que todo el personal dejase lo que estaba haciendo y nos dirigimos a comprobar el hallazgo de Amir. ¡Dios santo! Amir había descubierto la entrada a una red kilómetrica de cámaras bajo el desierto que quien sabe cuando había sido construida. Lo más impactante, lo que me ha hecho cambiar mis teorías y dudar hasta de mi condición de ser humano incluso es lo que encontré en el kilómetro 2 cuando (A partir de aquí se tachan 10 folios completos y se lee en árabe lo siguiente أبو الهول سوف تسمح أبدا سر من يكتشفها. أنك لن تمر من هنا كنت سخيف وطي !!!! قد يكون االله معك وإذا قمت بإرسال مثلي الجنس الداعر آخر للتحقيق بشأن الإمبراطورية المصرية سوف تبدأ الحرب العالمية الثالثة. وعدت بالسماح يكون سرا كما أنه كان لأكثر من 20،000 سنة، وسوف إنسانية لا معرفة عن شيء لا يمكن كشف البشر. هذه هي المرة الأخيرة.
Y con la uña del dedo índice el asesino de Alexander rascó lo que parecía ser sangre seca .
Piero Galasso
sábado, 18 de octubre de 2014
CARTAS por James Duluth
Estoy enfermo. Lleva una maldita semana conmigo la enfermedad en el trabajo y la cotidiana tarea se vuelve homérica con este cuerpo debilitado que manejo. Me siento como la sombra de la llama. Ausente. No me importa ni el tiempo que pierdo en desplazarme por los recovecos de mi rutina. Me da igual. Sólo quiero recuperarme y flotar de nuevo. Volver a abrir los ojos y recibir esa energía que tanto añoro ahora mismo. Ni siquiera te echo en falta a ti. Me resultas insignificante. Sólo pienso en mí y hasta me da igual mi persona también. Me convierto en un egoísta incongruente y por momentos me da la sensación de que me vuelvo loco. Me duermo mezclando recuerdos vividos con situaciones que me hubiese gustado vivir y despierto con la duda de si soy yo quien crea mis sueños. Delirios de grandeza. Los perennes clavos de mi estómago se oxidan con la bilis y adelgazo a pasos agigantados. Estoy perdiendo la razón y la locura se muestra ante mí como el más razonable de los estados. Si estoy loco seré libre, me digo. Y no, por suerte, sólo estoy enfermo y si te echo de menos pero necesitaba herirte para sentirme mejor. ¿Ves? soy una persona normal.
James Duluth
James Duluth
jueves, 16 de octubre de 2014
CARTAS por Luc Dupont
Cuando nos separamos nos lo prometimos. Nada de sms, whatsapp, llamadas por skype ni una llamada normal. CARTAS. Cartas llenas de letras y vacías de sonidos durante seis meses. Esperadísimas cartas, peligrosos sobres que contenían las descargas eléctricas necesarias para reavivar a mi corazón justo cuando el tercer pitido se iba atreviendo a anunciar la muerte de mi órgano más dictatorial; ese pequeño tirano que me lleva a bandazos por territorios terriblemente curvilíneos. Yo que iba de hippster de mierda y tú que de verdad eras un caballo salvaje. Aún recuerdo cuando jugábamos a pincharnos los días con la aguja del tocadiscos. Yo era feliz porque te tenía allí delante; mi fiera preferida, en trance con aquella música. Yo estaba en trance por el amor y no comprendí que tú ya vivías enamorada del mundo desde un principio, que yo solo era un elemento más de algo mágico que provocaba tu continuo éxtasis.
A la primera carta respondí con amor. Una semana esperando por aquel delicioso regalo que paladée con paciencia y cierta auto tortura. La cogí del buzón, la posé en mi mesilla y me prometí esperar diez horas a abrirla, simplemente por el mero hecho de provocarme intenso placer evitando ese instinto de autosatisfacción, como una paja alargada con esmero. Me corrí de delicia,
La segunda carta fue un polvo con fuegos artificiales. Me contabas todas aquellas cosas fantásticas que te pasaban pero que en el fondo no eran nada comparadas a estar con mi piel, decías. Me consolaba saber que mi soledad se veía acompañada por tus pequeñas insatisfacciones en medio de la alegría constante que parecía que te había tocado vivir en la vida.
La tercera carta fue una puñalada. Ahí ya me hablabas de tu mierda de historia espiritual y de que ya no sabías si eras la misma y de que habías conectado de una manera tan auténtica con gente nueva, que tenías una nueva relación contigo misma y que estabas creciendo. Y a mí me crecían las ganas de matarme, de matarte, de dejar de gritarme que lo sabía, de dejar de beber solo.
Y tu cuarta carta fue, como me suponía, una mierda. Prefiero no comentar los costes en desperfectos físicos y morales que esa basura ha conllevado. El nombre de aquel imbécil y su ``alma libre´´ me penetró tan profundamente que desvirgaste mi inocencia.`` Toma mi polla libre´´ fue mi respuesta ebria metida en un sobre a aquel conjunto de letras con olor a estiércol. Fue justo ahí. Cuando me convertí en el capullo que soy.
Gracias.
A la primera carta respondí con amor. Una semana esperando por aquel delicioso regalo que paladée con paciencia y cierta auto tortura. La cogí del buzón, la posé en mi mesilla y me prometí esperar diez horas a abrirla, simplemente por el mero hecho de provocarme intenso placer evitando ese instinto de autosatisfacción, como una paja alargada con esmero. Me corrí de delicia,
La segunda carta fue un polvo con fuegos artificiales. Me contabas todas aquellas cosas fantásticas que te pasaban pero que en el fondo no eran nada comparadas a estar con mi piel, decías. Me consolaba saber que mi soledad se veía acompañada por tus pequeñas insatisfacciones en medio de la alegría constante que parecía que te había tocado vivir en la vida.
La tercera carta fue una puñalada. Ahí ya me hablabas de tu mierda de historia espiritual y de que ya no sabías si eras la misma y de que habías conectado de una manera tan auténtica con gente nueva, que tenías una nueva relación contigo misma y que estabas creciendo. Y a mí me crecían las ganas de matarme, de matarte, de dejar de gritarme que lo sabía, de dejar de beber solo.
Y tu cuarta carta fue, como me suponía, una mierda. Prefiero no comentar los costes en desperfectos físicos y morales que esa basura ha conllevado. El nombre de aquel imbécil y su ``alma libre´´ me penetró tan profundamente que desvirgaste mi inocencia.`` Toma mi polla libre´´ fue mi respuesta ebria metida en un sobre a aquel conjunto de letras con olor a estiércol. Fue justo ahí. Cuando me convertí en el capullo que soy.
Gracias.
martes, 30 de septiembre de 2014
CARDO por Luc Dupont
-¿Qué quieres ser de mayor, Arturo?
-¡Catatonia! ¡Catatonia!
-¿Qué dices chaval?
-¡Catatonia!
Aquél era el quinto psicólogo que le habían asignado al niño después de haber entrado en ese estado que los médicos denominaban como ``estado catatónico´´. La catatonia no es una enfermedad en sí misma sino un síndrome debido a múltiples causas. Los doctores calmaban a los padres con la frase de siempre: ``No se preocupen, no se preocupen. Existen dos tipos de catatonia: una forma benigna y una forma maligna de elevada mortalidad que se manifiesta en fases de excitación y de estupor llamada catatonia letal de Stauder, y con síntomas similares a los del síndrome neuroléptico maligno. No se preocupen, no se preocupen, la catatonia letal de Stauder tiene un 1% de posibilidades de aparecer.´´
Con aquellas patrañas querían convencer a los padres de que todo aquello de la catatonia se iba a quedar en nada. Lo peor era cuando se les ocurría preguntar: ``¿Y si tuviera la catatonia de Stauder?´´.-``No se preocupen, la catatonia letal de Stauder sólo tiene un 1% de posibilidades de aparecer´´
Arturito había sido hasta el primer ataque de catatonia el niño más feliz del mundo; sus ojos brillaban con una luz de esas que hace incrementar el precio del megavatio y dispara las cuentas de la gente sin cartera. Su sonrisa era una generadora de burbujas más de champagne (por aquel entonces renegaba del cava) que inmobiliarias. Su único techo eran los límites físicos de las leyes que hasta entonces no se atrevía a mancillar. Su educación religiosa, su miedo a pecar y su halo de santo le iban llevando a un camino practicamente monacal. Desde muy pronto sobresalió su dominio de las lenguas, ya que, además de dominar a la perfección sus nativos catalán y castellano, hablaba francés en la intimidad y practicaba el italiano con su tío Giorgio Pugioli de Palermo, Sicilia.
Pero aquella dorada infancia se rompió un lunes por la tarde, cuando se dan las galas de Gran Hermano y las malas noticias.
-Arturito, tu padre se va a vivir un tiempo fuera pero lo podrás seguir viendo cuando quieras.
Arturo se quedó bloqueado. Tan bloqueado que se le olvidaron todos aquellos idiomas que se le iban metiendo en la cabeza; toda aquella riqueza de palabras se esfumó para dejar solo hueco a una:
-!CATATONIA!
Luc Dupont
-¡Catatonia! ¡Catatonia!
-¿Qué dices chaval?
-¡Catatonia!
Aquél era el quinto psicólogo que le habían asignado al niño después de haber entrado en ese estado que los médicos denominaban como ``estado catatónico´´. La catatonia no es una enfermedad en sí misma sino un síndrome debido a múltiples causas. Los doctores calmaban a los padres con la frase de siempre: ``No se preocupen, no se preocupen. Existen dos tipos de catatonia: una forma benigna y una forma maligna de elevada mortalidad que se manifiesta en fases de excitación y de estupor llamada catatonia letal de Stauder, y con síntomas similares a los del síndrome neuroléptico maligno. No se preocupen, no se preocupen, la catatonia letal de Stauder tiene un 1% de posibilidades de aparecer.´´
Con aquellas patrañas querían convencer a los padres de que todo aquello de la catatonia se iba a quedar en nada. Lo peor era cuando se les ocurría preguntar: ``¿Y si tuviera la catatonia de Stauder?´´.-``No se preocupen, la catatonia letal de Stauder sólo tiene un 1% de posibilidades de aparecer´´
Arturito había sido hasta el primer ataque de catatonia el niño más feliz del mundo; sus ojos brillaban con una luz de esas que hace incrementar el precio del megavatio y dispara las cuentas de la gente sin cartera. Su sonrisa era una generadora de burbujas más de champagne (por aquel entonces renegaba del cava) que inmobiliarias. Su único techo eran los límites físicos de las leyes que hasta entonces no se atrevía a mancillar. Su educación religiosa, su miedo a pecar y su halo de santo le iban llevando a un camino practicamente monacal. Desde muy pronto sobresalió su dominio de las lenguas, ya que, además de dominar a la perfección sus nativos catalán y castellano, hablaba francés en la intimidad y practicaba el italiano con su tío Giorgio Pugioli de Palermo, Sicilia.
Pero aquella dorada infancia se rompió un lunes por la tarde, cuando se dan las galas de Gran Hermano y las malas noticias.
-Arturito, tu padre se va a vivir un tiempo fuera pero lo podrás seguir viendo cuando quieras.
Arturo se quedó bloqueado. Tan bloqueado que se le olvidaron todos aquellos idiomas que se le iban metiendo en la cabeza; toda aquella riqueza de palabras se esfumó para dejar solo hueco a una:
-!CATATONIA!
Luc Dupont
sábado, 13 de septiembre de 2014
CARDO por Piero Galasso
Es una frase que tuve en mis manos, seguramente, millones de veces. Evidentemente, sin tener la más mínima idea hasta que el otro día ,de casualidad, leí en el canto de una moneda un lema en latín que me maravilló como sólo lo hacen las lenguas muertas que a nadie importan ya: NEMO ME IMPUNE LACESSIT*. Días y días sustrayendo vida de las entrañas de Inglaterra y me doy cuenta, ya en el exilio, de la gran locución que adorna muchas monedas de una libra. Es eso que ocurre muchas veces en la vida, contemplamos lo principal y estos detalles gloriosos de la numismática se nos escapan y viven ocultos al amparo de nuestro desinterés. Más aún, indagando un poco en el origen del lema, me fascina que el grito de un danés tras pisar un cardo generara que los escoceses se percataran de su presencia y atacaran con premura a los invasores , derrotándolos. De ahí que el cardo aparezca en la simbología del pais y esas cuatro palabras en latín demuestren la bravura de un pueblo.
Como buen supersticioso, otorgo a ciertos objetos el poder de cambiar mi dicha y ,ahora, el de mayor poder es precisamente una moneda de una libra que llevo en mi cartera desde el año 2010. La moneda no es distinta de tantas otras que pasaron momentáneamente por mis manos antes de convertirse en cerveza pero , indudablemente, su valor es enorme dado que su último poseedor fue el escritor Nick Hornby.
Entre 2006 y 2010 trabajé en una librería en el Soho londinense, en el 25 de la Old Compton street ,mientras intentaba hacerme un nombre como escritor. Allí vendía pequeños relatos a los clientes habituales lo que me permitía comprar mis paquetes de Mrlboro engrandeciendo esa relación fantástica entre el tabaco e Inglaterra sufragada por los miserables que aún somos adictos al humo. El trabajo en una librería no difiere del de cualquier establecimiento de venta al público: colocar las unidades, hacer inventario, ofrecer un buen trato al cliente e higiene personal. Lo básico. Pero esa librería estaba en el Soho de Londres, que es algo que ya comenté y recalco dado lo variopinto del emplazamiento.
La Old Compton street es una calle donde predominan los sex shops, las putas, los maricones y la extravagancia. Y esa mezcla se nota en la clientela. Todavía recuerdo aquella muchacha rusa que estuvo hablando durante una hora sobre los cuentos del Don y nos convirtió a empleados, dueño y clientes del local en escuchantes de una conferencia hiperbólica sobre la literatura rusa. Una chica culta fuertemente dotada para la oratoria y en Londres, por lo que sea, malvive comiendo pollas.
Las charlas sobre cualquier autor se sucedían día a día y yo me maravillaba de formar parte de un cocktail intelectual enardecedor aunque fuera sólo de forma presencial. Un día ,mientras comentaba a grosso modo paradojas en la escritura de Benedetti y le explicaba a un iraní que significaba la terrible expresión "tomar las de Villadiego", entró en nuestro pequeño mundo un tipo calvo y rechoncho que se parecía a Hornby. En un principio, continuamos como si nada dado que la imagen de un tipo calvo, rechoncho y colorado es el símil británico de los niños del maiz. Fotocopias. Pero este tipo tenía la mirada ácida de los que saben de que va el juego. Era Nick Hornby, era él. Mientras acercaba Urugay a Irán, estaba pendiente del movimiento del gordo por la tienda. Jugueteó por el pasillo de los clásicos, buceó en lo contemporáneo y para mi puta sorpresa, se detuvo delante de mis relatos. Mis relatos no estaban encuadernados ni tan siquiera me preocupaba de darles buena presencia. Simplemente eran folios escritos a máquina, dotado cada uno de un relato corto, apilados bajo el cartel TAKE A ONE POUND NAPKIN IF YOU NEED TO SNEEZE ON A SWEET LITTLE STORY*. A Hornby le hizo gracia el reclamo y tomó 11 folios y se dirigió a caja. Allí me pagó con un billete de diez libras y me dió una moneda de una libra que atesoro como buen mitómano. Y es que no sé si realmente los leyó o recogió con ellos la mierda de su perro pero he de decir que me olvidé de Uruguay por un momento y desde aquel puro momento, el primer y genuino adoquín de mi camino fue colocado.
* Nadie me ofende impunemente.
* Tome una servilleta de a libra si necesita estornudar en una pequeña dulce historia.
Piero Galasso
Como buen supersticioso, otorgo a ciertos objetos el poder de cambiar mi dicha y ,ahora, el de mayor poder es precisamente una moneda de una libra que llevo en mi cartera desde el año 2010. La moneda no es distinta de tantas otras que pasaron momentáneamente por mis manos antes de convertirse en cerveza pero , indudablemente, su valor es enorme dado que su último poseedor fue el escritor Nick Hornby.
Entre 2006 y 2010 trabajé en una librería en el Soho londinense, en el 25 de la Old Compton street ,mientras intentaba hacerme un nombre como escritor. Allí vendía pequeños relatos a los clientes habituales lo que me permitía comprar mis paquetes de Mrlboro engrandeciendo esa relación fantástica entre el tabaco e Inglaterra sufragada por los miserables que aún somos adictos al humo. El trabajo en una librería no difiere del de cualquier establecimiento de venta al público: colocar las unidades, hacer inventario, ofrecer un buen trato al cliente e higiene personal. Lo básico. Pero esa librería estaba en el Soho de Londres, que es algo que ya comenté y recalco dado lo variopinto del emplazamiento.
La Old Compton street es una calle donde predominan los sex shops, las putas, los maricones y la extravagancia. Y esa mezcla se nota en la clientela. Todavía recuerdo aquella muchacha rusa que estuvo hablando durante una hora sobre los cuentos del Don y nos convirtió a empleados, dueño y clientes del local en escuchantes de una conferencia hiperbólica sobre la literatura rusa. Una chica culta fuertemente dotada para la oratoria y en Londres, por lo que sea, malvive comiendo pollas.
Las charlas sobre cualquier autor se sucedían día a día y yo me maravillaba de formar parte de un cocktail intelectual enardecedor aunque fuera sólo de forma presencial. Un día ,mientras comentaba a grosso modo paradojas en la escritura de Benedetti y le explicaba a un iraní que significaba la terrible expresión "tomar las de Villadiego", entró en nuestro pequeño mundo un tipo calvo y rechoncho que se parecía a Hornby. En un principio, continuamos como si nada dado que la imagen de un tipo calvo, rechoncho y colorado es el símil británico de los niños del maiz. Fotocopias. Pero este tipo tenía la mirada ácida de los que saben de que va el juego. Era Nick Hornby, era él. Mientras acercaba Urugay a Irán, estaba pendiente del movimiento del gordo por la tienda. Jugueteó por el pasillo de los clásicos, buceó en lo contemporáneo y para mi puta sorpresa, se detuvo delante de mis relatos. Mis relatos no estaban encuadernados ni tan siquiera me preocupaba de darles buena presencia. Simplemente eran folios escritos a máquina, dotado cada uno de un relato corto, apilados bajo el cartel TAKE A ONE POUND NAPKIN IF YOU NEED TO SNEEZE ON A SWEET LITTLE STORY*. A Hornby le hizo gracia el reclamo y tomó 11 folios y se dirigió a caja. Allí me pagó con un billete de diez libras y me dió una moneda de una libra que atesoro como buen mitómano. Y es que no sé si realmente los leyó o recogió con ellos la mierda de su perro pero he de decir que me olvidé de Uruguay por un momento y desde aquel puro momento, el primer y genuino adoquín de mi camino fue colocado.
* Nadie me ofende impunemente.
* Tome una servilleta de a libra si necesita estornudar en una pequeña dulce historia.
Piero Galasso
martes, 9 de septiembre de 2014
CUADRILÁTERO por James Duluth
Caminaba por Roma y se sentía prisionero de la vida de otras personas. Conocía tal cantidad de seres humanos que ya lo único que le llenaba el espíritu era caminar la ciudad por la noche , en soledad. Fumando mil cigarrillos y dejando su particular estela de humo y tos ferina. Roma y sus palacios. Camino. Continua y revoltosa Roma. Cuando la disfrutaba la odiaba pero sabedor de su condición de reo del imperio, se lamentaba y se sentía como Batistuta. Y es que a Batistuta, un tipo nacido en la ciudad de Reconquista, no le gustaba el fútbol. Ese pelotudo era la máxima expresión del oportunismo balompédico dotado de un talento descomunal y resulta que odiaba su profesión. Aquel hombre que gritaba locuras en un recio italiano a la afición de la Lazio tras marcar un gol con la Roma no podía ser un intérprete. Exudaba emoción y rabia cuando el balón bailaba con la red. Y eso no hay actor que consiga fingirlo. Ni Brando del que decían que consiguió demostrar muerte mostrando un rostro impertérrito cuando le dijeron que Sonny había sido acribillado sería capaz de no demostrar pasión delante de la turba tras un lance del juego favorable. Aunque Batistuta jure y perjure que el fútbol le arruinó el cuerpo y casi lo deja cojo y lo detestaba desde chico no pudo haber fingido como puta de burdel de tercera. Al pedo Gabriel, al pedo.
Y nuestro caminante se sentía a veces como Batistuta pero en muchas otras ocasiones era ese ser humano que amaba a Roma. De ahí esos encuentros silenciosos y nocturnos con la amada, como los adolescentes que se aman prometiéndose futuro con los dedos cruzados en la espalda. Él y la ciudad eran uno en la noche y el hombre no conseguía dormir tras su paseo nocturno porque todas las noches se preguntaba que estaría ocurriendo en la ciudad en ese mismo momento que el se disponía a desaparecer por unas horas. Y Roma parecía burlarse de él con un nuevo e interminable amanecer.
viernes, 29 de agosto de 2014
CUADRILÁTERO por Luc Dupont.
Giancarlo
Tiburte nació en Calabria. Calabria es la parte dura de Italia;
Giancarlo, el tío más duro de Calabria.
Con
10 años, mientras engullía gnocchi alla calabrese en el restaurante
La Rose dei Venti del centro de Reggio, vio a una rata que a sus pies
se comía un buen trozo de parmigiano reggiano. Sin decirle nada a su
mamma, que compartía mesa con él, cogió a la rata del rabo y la
levantó hasta el plato de comida. El grito de su madre al ver la rata alertó a
los demás comensales, y se formó un jaleo en el restaurante. El
niño, absorto en su tarea, posó la rata en la mesa mientras la
seguía sosteniendo por el rabo, y comenzó a darle golpes secos con
su mano. Bum. La rata grita. Bum. La rata muere. Bum. La camiseta de
Giancarlo llena de sangre de rata.
Mientras los chavales de su edad
comenzaron a salir con las chicas ( porque cortejarlas ya las
cortejaban desde los dos años como buenos italianos), Giancarlo se
aburría. Le gustaban las mujeres, sí, pero todo aquel
engominamiento, todas aquellas maneras, posturas y frases que había
que hacer o decir para llevarse a una chica a la cama le aburrían,
le parecía una pérdida de tiempo. Su padre, con mejor o peor ojo,
observó la incipiente personalidad de su hijo y creyó que sería
imposible cambiarlo. Por ello, llevó al Giancarlo de 14 años a dos
lugares que marcarían su vida. El primero, un club donde Giancarlo
se hizo a una mulata de inmensas caderas que le sacaba veinte años. Bum. Bum. Bum. Se corrió en cuatro minutos y al quinto ya estaba
fuera esperando por su padre, que sospechosamente tardó en aparecer
en la entrada del club.
El segundo y más importante lugar al que lo
llevó su padre fue al gimnasio Martellotto. Su padre lo dejó en
manos de Eduardo Martellotto, entrenador de boxeo de barrio. Cuando lo vio por primera vez,
Martellotto se cogió la barriga con las dos manos, se mesó el
bigote, y dijo que poco podría hacer con aquel "puto
spaguetti". En aquel mismo momento, el spaguetti hundió su puño
en la barriga de Martellotto con una furia semejante a la de Rino Gaetano cantándole a Calabria. El gordo Martellotto recapacitó desde el suelo y dijo que entrenaría a aquel hijo de puta.
23 de Diciembre de 1980. En Chicago se celebra un combate benéfico. Jack Duprier contra un cualquiera. Se han ido cayendo posibles contrincantes de la lista debido a que nadie quiere ser humillado por Duprier, ni siquiera en un paripé de pelea navideña. Duprier se ha hecho un nombre a base de noquear a todo el que se le ha puesto por delante con su demoledor gancho de izquierda. Se habla de él como el enésimo sucesor de Alí.
A las nueve de la noche sube al ring Duprier para saludar a su oponente, del que ni siquiera conoce el nombre. En el momento de chocarse los guantes previo a la pelea, Duprier le dice a su adversario que parece un spaguetti. Giancarlo Tiburte asiente con la cabeza y se va a su rincón del cuadrilátero para comenzar la masacre.
Bum. Crochet a la mandíbula. Bum. Gancho directo al mentón. Bum. El cuerpo de Giancarlo lleno de sangre de Dupier.
Luc Dupont.
sábado, 23 de agosto de 2014
CUADRILÁTERO por Piero Galasso
Ensangrentado, cual querubín desnudo protagonista de una fuente de la cual brotaba su propia sangre, el púgil novato Jack Duprier intentaba como podía no perder el conocimiento. Había sido convencido para participar en una pelea benéfica en el gimnasio Ackendale´s Home de la calle Everfrost y el resultado final no cuadraba con la idea preconcebida que tenía de tal evento. Su oponente sería Giancarlo Tiburte , un puto spaghetti del que se decía que no sabía ni hablar inglés pero tenía un gancho de derechas demoledor. Pero Jack tenía una confianza desorbitada en sus cualidades. En su gimnasio era el número uno y los sparrings comenzaban a escasear porque ya nadie quería recibir aquellos golpes primorosos que salían como rayos de su tronco. Entonces ¿cómo no aceptar pelear gratis a cambio de una porción de las ganancias en las apuestas?. Para cuando la campana sonó, el muchacho conoció de golpe a su majestad la bella mala ostia de la vieja Europa en todo su esplendor. El italiano parecía que llevase una eternidad de esclavo y asesinar a golpes a ese envalentonado chico negro fuese su carta de libertad. Jack Se sintió como cuando Ali dejó hacer a Foreman en el célebre Rope a Dope. Resistía los golpes casi sin defensa fatigando al esmerado Foreman que creía tener a Clay devastado y ,pobre iluso, nada más alejado de la realidad. El campeón estaba jugando con él. De cuando en vez, se abrazaba al aspirante escupiéndole rabia en las orejas. Soy mejor que tú, le diría con inquina o le llamaría nenaza. Los golpes se sucedían y Ali jugaba a ser el creador de su farsa preferida. Cuando vió al percutor lo suficientemente cansado, abrió la veda y los golpes caníbales se sucedieron como cuando se abre una presa y el agua parece arrasar con todo. La negrura sobrevino al ímpetu de Foreman con la derrota más desvergonzada conocida en el boxeo a ese nivel. Ali ganaba de nuevo, el arrogante hijo de puta se llevaría la gloria de la forma más humillante para el aspirante. El juego tenía un dueño y colocaba el tablero donde y cuando quería. La mayor virtud del Ali joven no era ni su juego de pies, ni el largo de sus brazos o de su pecho sino su inteligencia. Era tan listo que inventó al campeón humilde y arrogante a la vez.Los oponentes al escuchar sus brabuconadas previas al combate se desplazaban por el ring cegados de ira, bailando las notas que el número uno silbaba. Un genio que no supo parar a tiempo. Pero la historia de este hijo de carnicero y costurera llamado Jack Duprier fue totalmente a la inversa. Tiburte asestaba golpe tras golpe a cada cual más certero y violento y jamás se fatigaba y parecía pintar las cuerdas del cuadrilátero con la tinta roja que emanaba de la cabeza de su contrincante. Y ahí, a escasos segundos de la detonación de su cerebro, Jack se percató de que el talento se mide en distancias largas y no en palabras huecas.
Piero Galasso
Piero Galasso
lunes, 21 de julio de 2014
GUIJARRO por Luc Dupont
Tremenda agonía, tremenda tensión. Mi cabeza se convirtió en balón y mis sueños volaron redondos hacia la portería. El fútbol, la más dulce de las mentiras, me permitió aparcarme por un instante.
Como todas las mentiras, pronto se expira, y el Mundial se acaba como se me acaban todas las coartadas y todas las pastillas de mi insuficiente botiquín de supervivencia. Mis ganas se derrumban al oír el zumbido en mi habitación 214 de un hotel de Jerusalén. El zumbido se me mete por los oídos y me recorre el cuerpo como una espiral eléctrica que duele, que me rompe los nervios y el alma. Me tengo que tirar al suelo y esforzarme en cada respiración. Cada partícula de aire que entra en mi cuerpo me duele, todo tiembla y la habitación parece girar y meterme en un huracán sin rumbo. Como mi mundo. Como el mundo.
Hace poco más de una semana, me enroscaba en el sofá del Waldorf Astoria de Jerusalén y Argentina y Alemania peleaban para mí en la pantalla gigante. Era la venda perfecta para mis ojos y mis sentidos. El deseo infinito de Mascherano y la eterna espera para que Messi invente algo inimaginable me acogieron durante dos largas horas. Después, el despertar. Alemania gana el Mundial y yo me voy quedando sin pasatiempos con lo que engañar el tiempo.
Aquí estoy, corresponsal de un periódico que no me gusta en medio de un conflicto del que cada vez quiero saber menos. No sé a qué he venido, no puedo hacer un artículo de opinión ni me puedo permitir un reportaje reflexivo porque me lo van a capar en la redacción. Mi misión es responder a las preguntas desde Madrid con aires de político neutral en un conflicto tan ``complicado´´ que no se puede juzgar, y que ``Israel tiene derecho a defenderse´´. Israel tiene derecho. Israel...
En una playa de Gaza se encuentran a estas horas cuatro almas , un poema no escrito y un gol no marcado . No almas como elemento metafísico, sino como entrañas. Como intestinos, bazos, riñones, dedos de los pies, ojos, manos, deseos, sueños, religiones, errores. Cuatro niños jugaban al fútbol en una playa y al momento siguiente no existían. El ejército israelí decidió decorar el litoral de Gaza con pies, ojos, manos, deseos, sueños, religiones y errores infantiles.
Quizás uno de esos niños de la playa de Gaza estaba a punto de marcar un gol en una portería hecha con dos palos. Quizás iba a tirar un penalti con la zurda, como Messi. Y el portero estaba esperando. Nunca habrá desenlace de ese penalti. Nunca ninguno de ellos escribirá un poema.
Luc Dupont.
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