lunes, 29 de julio de 2013

ALIAS por Luc Dupont


Cuando todo se terminó para Xoel, solamente le quedó la playa. Su playa. Una de esas playas gallegas, rubias por su arena y su luz, suave pero salvaje cuando se tercia. No hay nada mejor que el atardecer gallego para acompañar un ocaso personal. Ese sol que brilla con fuerza hasta las diez de la noche en las Rías Baixas es el mejor cómplice de los corazones quebrados y las manifestaciones esporádicas de soledad buscada. 

Cuando el amor de ella se acabó, se aferró al bolígrafo como los ahogados se agarran a cualquier trozo de madera vieja. Escribir, escribir, escribir lo que sea para trazar cualquier atisbo de luminosidad que consiga que la oscuridad se contagie de alma. Dicen que los poetas y cantantes precisan de dolor para afinar sus talentos, y que la voz quebrada y la pluma herida consiguen transmitir sentimientos a la misma velocidad que las hemorragias brotan sangre sin cesar. Curiosos los caminos de la inspiración. Imposible hacerle el amor a un bolígrafo.

Xoel se sabía ya pertenecedor a otra época personal; y ya que todo lo conocido parecía empecinado en esfumarse, sabía que debía buscar como fuese brotes verdes de alguna nueva promesa, encontrarse a gusto de nuevo en alguna letra de canción que no se revolcase en el pasado. Cubriría sus ojos con la protección de unos cristales Ray Ban antideslizantes de sentimientos y se disfrazaría de cualquier elemento animal para pasar el verano sin pena ni gloria. Salir a respirar en Septiembre es el objetivo, volver a gastarse sus pequeñas ganancias en copas y convertirse en una especie de Rómulo extemporáneo amamantado por lobas curvilíneas.

 Desenvainando su libreta del desgastado bolsillo de su americana, comenzó a trazar el nuevo camino y los nuevos planes con esmero y ambición. Fue poco a poco vomitando sus entrañas en forma de versos anárquicos pero digestivos y consiguió llenar de reproche y pasado todos los renglones respetando el margen. En cada línea las palabras se querían matar y las frases se rebelaban contra su autor, escupiéndole en la cara. Después de soltar lastre cerró aquel maldito cuaderno y lo tiró al mar para que las olas lo llevasen lejos.
Para cerrar el telón Xoel sabe que hay que vestirse bien, beber hasta matarse y a poder ser, ponerse un sombrero ambicioso que favorezca relativamente la imagen física sin perjudicar en ningún momento la visión del individuo.
Luc Dupont.

sábado, 20 de julio de 2013

ALIAS por Piero Galasso

26/05/1976

El silencio gobernaba su parlamento con regia mano y sutil dolor. Sus cuerdas vocales, temerosas, eran el ataúd de sus emociones.Nadie comprendía aquel perpetuo callar de un hombre al que su genio lo engulló postrándolo enfermo en su lecho de resignación. Las viejas portadas que todavía cuentan su verdad desde las paredes de los locales de Blues de la calle Roadhouse, literalmente, se deshacen en elogios hacia un hombre que inventó un nuevo estilo, una nueva forma de sentir. Robert Johnson, Muddy Waters, Bo Diddley, Chuck Berry, B.B King , Howlin´ Wolf y la innumerable lista de artistas blancos imitadores de éstos, en algún punto de sus dilatadas carreras, reconocieron la importancia de Mumfred Carter en el devenir de su obra musical.  Como tantos otros chicos negros hijos del Mississippi su formación musical se completó en un coro Gospel de la mano del Reverendo Jackville, quien se confesaba un enamorado de la actitud y vocación musical del chico. Carter poseía la habilidad de reproducir cualquier sonido mecánico o natural sin más instrumento que su glotis. Los otros chicos se celaban e intentaban competir con el pequeño Mumfred pero la velocidad con la que el chico desarrollaba sus aptitudes con la guitarra eran sobrenaturales. Más adelante, el muchacho era conocido por Hurricane fingers y su impronta se comenzaba a notar entre las huestes de imitadores que tuvo desde muy temprana edad quienes intentaban reproducir su capacidad vocal y sus movimientos con los acordes. Los hombres gritaban durante sus espectáculos demostrando experimentar sensaciones que ningún guitarrista había provocado antes. Las mujeres, por contra, se imaginaban guitarras deseando ser amplificadas a arte a través de las incontenibles manos de fingers. En su época de vino y rosas, Hurricane Fingers era el deseado, aquel a quien tener en cuenta, un ser que iluminaba cualquier estancia sólamente cuando alguien pronunciaba su nombre. Pero el muchacho padecía un grave conflicto interior. Su educación católica chocaba con el libertinaje propio del mundo bohemio. La muerte de su baterista Al Carsson, encontrado sin vida en un retrete público con una jeringuilla clavada en el muslo, supuso el punto de inflexión. Munfred se culpaba de la muerte de aquel chico de 21 años. Se prometió convertirse en un hombre normal, en alguien lejos del centro de atención y lo logró sellando sus labios y cegando sus dedos.
A día de hoy, a sus 76 años , es un hombre que comienza a eliminar lo superfluo para lograr la paz. Es un hombre en el otoño de su vida.


Piero Galasso

jueves, 4 de julio de 2013

DINERO por Piero Galasso

Abres los ojos. La luz golpea y se viene el primer envite. Coño, molesta. Que sea la última vez que te permites hacer una frase con esas dos palabras juntas. Benditas comas.
Atesoras en tu boca medio millón de gérmenes más que hace nueve horas y no sabrías describir que sabor campa a sus anchas por tu boca. No es dulce. Salado tampoco. Un poco de las dos. ¡Qué más da!, al fin y al cabo lo único que te importa ahora es seguir con tu nueva y preferida rutina. Nervioso, enciendes un cigarrillo para que el humo le de la teatralidad que se merece el momento, y ya sientes en tu interior  regocijo y tus mofletes comienzan a contraerse. EL MOMENTO. Las personas de tu alrededor contemplan un tipo semidesnudo que se sonríe y se sabe dichoso y en su felicidad sólo tiene ojos para el milenario tesoro en perpetuo movimiento delante suyo. El océano ,por su parte, parece agradecer su admiración enviando a la brisa para que desordene los cabellos de su nuevo acólito.
La mejor utilidad del dinero es que sirve para comprar anonimato. De vez en cuando haces la transacción pertinente y experimentas la felicidad del que disfruta de algo que no es suyo y lo disfruta al máximo sabedor de que tiene fecha de caducidad.
Cuando eres anónimo no encuentras noes y los síes se agolpan en tropel en las comisuras de tus labios, de tal modo que tu boca se abre generando una amplia sonrisa imperturbable. Es por ello que este cuaderno a dos mentes funciona y aún tiene sentido porque ni Luc es Dupont ni Piero es Galasso.
Así que cambiaría el dicho y diría que la felicidad no se compra con dinero pero sí el billete de avión hacia el lugar donde sabes que puedes encontrar un amor sincero.


Piero Galasso

jueves, 20 de junio de 2013

DINERO por Luc Dupont


  • París huele a dinero. Tú hueles más a mar y a libertad. Y en este intervalo de tiempo insignificante e indoloro nos dibujo tranquilos y metódicos, perdidos en nuestras cosas y ajenos a los temporales venideros. Que nos coja calientes.
    Montmartre se presenta a mis pies con un sol radiante y una promesa de que cada peldaño subido merecerá la pena. Lo único que se añora en el paisaje es el Mediterráneo, que parece asomar la cabeza en cada plaza y esconderse avergonzado de no bañar los sueños capitales de los parisinos. Dicen que el Mediterráneo anda raro con su querida Europa, dicen que la quiere abandonar, que la vieja se ha vendido a la más burda de las mentiras y que él todavía quiere ser bohemio rico en París, dicen que un día va a subirse a Montmatre a reventar.
    La plaza du Tertre también huele a dinero y debemos alargar los cafés para cerrar el agujero provocado en el bolsillo. Pintores de primera y de segunda ofrecen sus lápices al mejor postor; cada trazo dibujado en París vale un pastón, todos nos afanamos en inmortalizar recuerdos pues pronto se nos acabará el dinero y nos mandarán a casa. Pero este sol vale un millón, y la compañía más. Mi piel respira la belleza del mundo y las farolas comienzan a iluminar los puentes del Sena.

    Estudiantes recién salidos del instituto escupen naderías en francés conocedores de su condición superior de parisinos. Yo los observo como el pueblerino recién llegado a la capital, boquiabierto a cada paso y anonado con la sensualidad de los sonidos, de las ropas, de las facciones. Las narices afiladas de los franceses se nutren de exhibicionismo, de derroche fatuo y delicioso. Sus gestos son tan caros como las gotas de champagne.


    Encantado de respirar el aire monumental de París y poder transitar tímidamente por sus arterias de oro, me permito caminar como si tuviese estilo, como si fuese parisino.

    Luc Dupont.

sábado, 8 de junio de 2013

CANTANTE por Piero Galasso

Aquiles entra en el local, toma asiento y se recrea contemplando el trajín de esa específica parte del mundo a través de la vidriera. La camarera, airada, se indigna con que ni se molestase en acercarse a la barra a transmitirle de que clase era la necesidad de su apetito que quería satisfacer. Con paso tordo, se acercó a su cliente y , mecánicamente, inquirió:

- Buenas tardes caballero, ¿qué quiere tomar?.

Aquiles se detuvo en su absorción al sentir el estruendo de las palabras tan cerca de su rostro y recordó aquel artículo sobre la neurología y las células espejo que habitan en los cerebros de los infantes y procuró desempeñarse socialmente de la mejor manera.

- Un café sólo y no se moleste en colocar cucharilla o azúcar en el platillo. Gracias- Dijo con resuello

La mujer , amparada en su sonrisa de plástico, se dirigió a realizar su tarea pensando en la extrañeza que advirtió en la mirada del hombre. Normalmente, los varones suelen recrearse furtivamente en su busto mientras la creen agasajar con chascarrillos buscando una sonrisa verdadera. Este caballero, en cambio, simplemente ordenó su específica comanda con tibieza y sustrajo un bolígrafo y un cuaderno los cuales empleó para ponerse a escribir.
Curiosa y, una vez hubo entregado la consumición, intentó leer de soslayo algo de entre lo que aquel hombre llevaba escrito. En su premura y por lo limitado de su tiempo, sólo distinguió tres palabras que, anejadas, eran la fórmula de una pregunta:


¿QUÉ TAL TODO?

Dicha cuestión llamó su atención dado que si colocase en el océano una piedra de azúcar por cada vez que la escuchó, éste perdería su condición salada en favor de una edulcoración extrema. Siempre se decía que el lenguaje se ha domesticado y manoseada hasta tal extremo que a una mastodóntica pregunta como ésa, el Omnia, la totalidad, solemos contestar trivialidades vulgares como bien, mal , ya ves.

En estos pensamientos estaba sumida cuando, de golpe, sus gráciles facciones se evaporaron convirtiéndose en una mujer sin rostro y la realidad y la fantasía de Aquiles se entremezclaron por un instante, corto, haciéndolo dudar de si en ese preciso momento, la vida era sueño.


Piero Galasso

jueves, 9 de mayo de 2013

CANTANTE por Luc Dupont


Acariciaba sus sueños con la misma delicadeza que abrazaba sus miedos, de vez en cuando dejándose algo más que la piel en una tarde cualquiera. Las rutinas son suaves y asfixiantes, se decía, el mundo no deja de jugar con nosotros y engañarnos constantemente en una representación que no sabemos entender. Él le ponía sentimiento a sus rutinas y las nuestras arañando las cuerdas de su inseparable guitarra, ajeno al ruido de los demás, seguro de entonar mejor las palabras que los días.

Su corazón, como suele ocurrir,  se rompió de madrugada, y jamás volverá a decir quizás, y quizás no vuelva a decir jamás. Ahí está él, enroscado en su rincón y en sus dudas, más caliente que perdido, más redondo que cuadrado.

Lo mejor de las canciones es que nos llevan de repente, nos gritan lo que estamos deseando a gritos que nos susurren, nos pierden y nos ayudan a encontrarnos con nuestro repertorio privado de objetos y armas perdidas. Morder a alguien no está permitido, pero si es por su bien todo se olvida.

Benditos aquellos capaces de cortejar los oídos ajenos con una voz decente. Con el temple correcto y palabras deliciosas, cualquier robo será perdonado, ojalá nos roben el corazón y las dudas con promesas vacías pero elegantes.

Llevemos hasta el final nuestro afán por abandonar nuestro raciocinio en una canción y tiremos por tierra cualquier intento de autocontrol en cuanto aparezcan los primeros acordes de ilusiones desconocidas. 

Dejemos paso al viento para cambiarlo todo y  que todo siga siendo igual.

Que nunca mueran los cantantes.

Luc Dupont.

domingo, 3 de marzo de 2013

VINO por Luc Dupont

Me esperas en la mesa en perfecta soledad acompañada, dispuesta a hacerme volver a sentir sentimientos olvidados. A recordar momentos que dejé en el cajón de los desperfectos, luchando para vestirme de domingo. Quieres encender las luces apagadas y envolverme con tu manto eléctrico. Poner a danzar a todos mis rincones oscuros y hacer volar el estúpido templo de la mediocridad con un movimiento mágico, el de rodearte con mis manos y oler tu cuello con curiosidad.


En la mesa de madera más antigua que tus ramas o tus venas te mueves haciendo valer tus curvas con disimulo. Estás deseando que me acerque, no entiendes de otra cosa que no sean las distancias cortas. Eres la sirena más dulce que ha reventado mis oídos. Cómo negarse a hacerte un hueco, a sentarse contigo y dejar que el morado me bañe y me haga suyo.

Mi nariz te busca y te sorprende fácil, todavía me engañas con trucos baratos y a veces te confundo con algo mejor, hay ocasiones en las que me tomas el pelo y yo me dejo. Mis manos te abrazan y te siento mía, como si tus carnes acristaladas se estremecen por el calor ofrecido de un amante ávido por aprender. Mi boca se acerca con paciencia a tí, preguntándome en el camino cómo serás, cuál será tu alma esta vez, si me deleitarás con un trago inolvidable y un momento estelar.

 Como los placeres sagrados, tu nivel no depende del dinero demandado por el intermediario del cielo. Descubrir tu santidad en una barrica escondida es como descubrirse a uno mismo en un estado de ánimo deslumbrante. Aprender a sentirte es una de las más preciosas artes.

 Pegados a tí nuestras promesas son magníficas y nuestras mentiras dulces. Podemos tener el valor de soñar y temblar sin miedo, convertirnos en seres leves y danzantes que no pretenden otra cosa que navegar. Color violáceo y violante de nuestras ingenuidades, préñanos de ilusión.

 Queremos dejar que recorras nuestras gargantas lentalmente, que despistes nuestras narices y nos acompañes en nuestras miserias y nuestros pasatiempos; que nos susurres al oído nuestra vida entera, que nos deleites con historias viejas y nos lleves a casa para acostarnos borrachos.

Queremos morir ahogados en una copa de tinto.

Luc Dupont.