La primera vez que la ví, la ignoré por completo. Su personalidad, sus matices y sus verdades desfilaban ante mí como el sonido ante el sordo. Notaba sus vibraciones pero no la escuchaba, no la sentía, pudiera ser que no supiese sentirla. Transcurridos dos años, ella continuaba observándome sin fatiga ni desdén, demostrando que la constancia sustituye al genio en todas y cada una de las artes de nuestro tiempo. Así,mi ignorancia tornó en curiosidad. Rocío, que así se llama la protagonista, me investigó durante tanto tiempo que comencé a detestar mi traje de cobaya ante ella, científica de mis entretelas. Contrariado en el reto, afronté igual misión y comencé a estudiar sus formas, su cabeza y la amalgama de sonidos que salían de su boca. Sus gestos y la mirada podrían catalogarse como mundanos. Podría poner en una estancia 100 individuos de aspecto mustio y personalidad olvidable y Rocío se difuminaría entre el gentío desapareciendo sin trascender a ojos de quien buscase algo fuera de lo común. Tal fue mi implicación en el análisis que empecé a imaginarme como reaccionaría Rocío ante determinadas situaciones y como habría de salvar las dificultades que la vida dispusiese ante su testa y cuerpo.Después de semanas de contemplación y una vez hube redactado mi informe interno, le propuse un encuentro. Ella, intimidada, aceptó sin preámbulos ni palabras huecas. En realidad, ni tan siquiera proyectó palabras magnánimas, simplemente asintió en silencio y me puse manos a la obra para entender el por qué de esa irremediablemente cautividad en la que me veía asolado por su monotonía , su inseguridad y su limitado catálogo de bondades. Llegado el día y tras un breve monólogo en el que le dibujaba el paisaje que tiñó durante semanas mi intelecto y mis manos, Rocío me contemplaba con una mirada de sorpresa deliciosa. El crítico había sido criticado pero a ella no le produjo inseguridad sino que pude contemplar como su juego interno crecía desde el primer segundo en que comencé mi bien estructurado discurso. Una vez hube terminado de hablar y con el corazón desbocado retumbando como cien mil caballos corriendo por las llanuras de Mongolia, Rocío comenzó a proyectar una variedad de sonidos que allanaron mis oidos estallando en diminutas canciones multicolor que no acerté a comprender y aún hoy en día no consigo domesticar su significado. De lo único que estoy seguro es de que su canción es la banda sonora de esta etapa de mi vida y dibujo con mis ojos las notas que ella me regala.
jueves, 3 de abril de 2014
sábado, 22 de marzo de 2014
TRAMPERO por Luc Dupont.
Volver a dibujar letras por la
peligrosa línea del margen violentamente horizontal de mis libretas
de espiral es hacerle el amor al viento. O simplemente escribir y
rectificar. Tachar todas las mariconadas que puedo imaginar, todas
las veces que pincho en hueso y la flor de papel no desprende el olor
que debería, ese aroma poético con el que soñamos todos los
ganadores con disfraz de perdedor y zapatillas de caminantes
perezosos.
A mis musas literarias les pido luz,
dejarme seguir chupándoos el alma para copiaros hasta los puntos
suspensivos. Quién fuera la obra de cualquiera, quién fuera una
canción de Sabina sin ser él ni soportar sus boludeces, quién
metiera los goles de Messi sin tener su cara de autismo vital , quién
pudiera ser yo sin mi estupidez. Ordeñemos a las vacas del arte y
echemos a correr antes de que la leche se convierta en queso Gruyer y
nos perdamos en los agujeros negros de la desidia láctea.
Cuando el gallo llega con el kikiriki
de la mañana, nos despertamos los perros de la noche y nos
convertimos en gatos caseros tan domesticados que cuando nos echan a
la calle nos engaña cualquiera y nos la cuelan por todos lados,
nuestra picardía la ahogamos en Telecinco. Nos queda ser entusiastas
al menos, aunque seamos vinos espumosos y decepcionemos profundamente
a pesar de las burbujas. Quedan poco vinos hechos con amor y tiempo,
y quizás tampoco los queremos. Como dice Joaquín, estamos locos
por naufragar y salimos a bailar al ritmo de la lluvia sobre las
capotas el rocanrol de los idiotas.
Yo sólo quiero quererte y elegir cada
día una nueva razón para morir contigo cada noche. Quiero echarte
de menos en mi buscada soledad, recorrer tus puertos mentalmente y
soltar las amarras de mi barco buscando vientos favorables, hinchar
mis velas con el sol y recogerlas en las terribles tormentas
tropicales para acercarme a tí silenciosamente y robarte un beso.
Quiero hacer trampas incluso si no hace
falta para darle más gracia al disparate del amor.
Luc Dupont.
sábado, 22 de febrero de 2014
VOMITAR por Piero Galasso
La disparatada luz de las dos lunas rebotaba en su rostro cegándome por momentos. Me miraba fijamente a los ojos y en ellos no atisbaba más que un reflejo de la dicha de los tiempos pretéritos, hundidos en el lodazal de la nostalgia. Cuando tomaba mi mano, en su piel fría y sesgada por el reloj, sus vellos no respondían al estímulo de mi cálida mano. Su cuerpo pregonaba una juventud de la que su alma parecía sentirse prisionera . Pero ella hacía ya tiempo que no se sentía identificada con la luz y fantaseaba con el final del trayecto al igual que el galgo ajado que contempla al conejo mecánico partir y simplemente mira hacia otro lado y se acomoda en el barro de la pista del canódromo enfermo de competición. Sus palabras ya sólo eran respuestas concisas a mis incansables ansias de quererla cada día más, aún sabiendo que ella ya tenía una nueva compañera con la que jamás podría ,ni tan siquiera, llegar a un acuerdo de custodia compartida. Era inevitable que perdiese la compostura en determinadas situaciones debido a su ardiente e indolente pasividad. Hundido ,con la única fuerza que mi hercúleo amor hacia ella me concedía, envasaba al vacío mis ansias de saltar en la sanguinolenta oscuridad. Hasta que un buen día, noté una fuerza extraña en su rostro ya casi huérfano de humanidad. Sus facciones hieráticas ganaron aquella mañana expresión y determinación, síntoma de que un sentimiento de esperanza había brotado salvando la inanición de su espíritu. Comenzó a gritar mi nombre de un modo como nunca jamás lo había hecho. Atolondrado por la premura y salvando los muebles de mi vivienda, acudí raudo al llamado de mi querida esposa acercando mi oído derecho a su todavía bella boca y escuché:
El amor que me procesas ha conseguido interrumpir una visita que llevo esperando desde antes que surgiera la segunda luna. Tu verdad y tu verbo me han mantenido erguida porque has despertado en mí ganas de victoria, de resistir, de despertar cada mañana y contemplar tu gesto incrédulo al comprobar que mi corazón latía al compás de tu querer. Pero un nuevo giro ha llegado y me aventuro en la dirección que siempre quise aún desconociendo que es lo que me deparará mi suerte. Que los vientos consigan que olvides este cuerpo marchito que ya no me seduce y recuerdes como éramos aquella deliciosa tarde en que creamos la primera luna...
Y doblándose hacia delante su recuerdo comenzó a agigantarse.
Piero Galasso
El amor que me procesas ha conseguido interrumpir una visita que llevo esperando desde antes que surgiera la segunda luna. Tu verdad y tu verbo me han mantenido erguida porque has despertado en mí ganas de victoria, de resistir, de despertar cada mañana y contemplar tu gesto incrédulo al comprobar que mi corazón latía al compás de tu querer. Pero un nuevo giro ha llegado y me aventuro en la dirección que siempre quise aún desconociendo que es lo que me deparará mi suerte. Que los vientos consigan que olvides este cuerpo marchito que ya no me seduce y recuerdes como éramos aquella deliciosa tarde en que creamos la primera luna...
Y doblándose hacia delante su recuerdo comenzó a agigantarse.
Piero Galasso
domingo, 24 de noviembre de 2013
VOMITAR por Luc Dupont
Dejé el tabaco como se despiden a los
buenos amantes, con un beso en los labios y una media vuelta
sinlenciosa pero definitiva. Nos vemos, aunque disimulemos en ciertas
ocasiones nuestras miradas se cruzan y vemos tendidos en el suelo los
cables ya muertos que un día transportaron electricidad entre
nosotros y nos dejaron jugar al juego más suicida de la tarde. Dejé
el tabaco y me marché con mi café.
Mi café me visita por las mañanas y
me recuerda que vivo en su tela de araña de cafeína. Dulce condena
para cualquiera. El invierno comienza a golpear con fuerza en las
puertas de esta ciudad monstruosa y los granos de café son
triturados y molidos sin compasión por unos ciudadanos abrigados ya
hasta las cejas de ropas deliciosas pero desnudos de alma, tiritando
de corazón.
Cuando hace frío el café se torna
violáceo y el líquido milagroso llamado vino corre por mis venas
luchando con la moribunda rabia que me impregna al abrir las páginas
de cualquier periódico. Las letras de los titulares son tan dañinas
para las entrañas que solo se me ocurre ahogarlas y preñarlas de
vino para que se pongan a bailar una danza miserable con los
recuerdos de una conciencia ya olvidada. Parece que todos somos
víctimas de una borrachera no buscada en la que fueron otros los que
disfrutaron, bailaron, se follaron a nuestras mujeres y nos vomitaron
por encima. Y nosotros ahora somos los barrenderos de un botellón en
el que no participamos. Somos la puta del banquero y de cualquier
sinvergüenza que nos pague veinte duros por abrirnos de piernas.
La ciudad también se me abre de
piernas y yo no me puedo negar a invitaciones fantásticas. Camino
lentamente y nosé donde mirar, el suelo está más limpio que el
cielo, ya no me compran con vuelos de low cost, necesitamos un viaje
galáctico o un buen polvo para sacudirnos la pereza. De momento, por
la hora y por el tiempo, me conformo con hacer el amor con un café y
jurarle amor eterno.
Luc Dupont.
martes, 13 de agosto de 2013
MENTIRA por Luc Dupont
¿Cuántas promesas hemos roto y reciclado en perfectas conveniencias actuales? Nuestros lunares nos acusan de haber renunciado a nuestros principios en más de una batalla, nos delatan ante los ojos de otro pecador. Cuando la guerra termina, las máscaras se intercambian entre supuestos vencedores y vencidos, entre malditos y maldecidos.
Nuestros ayeres y nuestras tierras quemadas arrasan los ojos y trafican con órganos capitales; después de ponernos en rebajas es complicado que alguien nos vuelva a comprar por precio completo. Ya sabe usted, querido comprador que conmigo siempre van unos cuantos puntos suspensivos a veces suaves, a veces más violentos que las cuentas no saldadas. Todos tenemos cartas que debemos esconder con cobardía y palabras que nos hacen agachar la mirada, mentiras de algodón, pasado infinito.
En nuestros alardes de juegos malabares residirá nuestra pericia de caminar por la cuerda floja de los trapecistas del tiempo impertinente. Nuestras pisadas deberían ser cristales de bohemia, elegantes pero fáciles de romper, espejos retrovisores que nos avisen de cómo nos adelantan nuestras mentiras por la derecha.
Gracias a Dios existen ciudades multitudinarias donde no ser nadie, canciones capaces de hacernos olvidar, poemas de naufragios anteriores, islas desiertas, lágrimas de cocodrilo, soles de madrugada.
Luc Dupont.
Nuestros ayeres y nuestras tierras quemadas arrasan los ojos y trafican con órganos capitales; después de ponernos en rebajas es complicado que alguien nos vuelva a comprar por precio completo. Ya sabe usted, querido comprador que conmigo siempre van unos cuantos puntos suspensivos a veces suaves, a veces más violentos que las cuentas no saldadas. Todos tenemos cartas que debemos esconder con cobardía y palabras que nos hacen agachar la mirada, mentiras de algodón, pasado infinito.
En nuestros alardes de juegos malabares residirá nuestra pericia de caminar por la cuerda floja de los trapecistas del tiempo impertinente. Nuestras pisadas deberían ser cristales de bohemia, elegantes pero fáciles de romper, espejos retrovisores que nos avisen de cómo nos adelantan nuestras mentiras por la derecha.
Gracias a Dios existen ciudades multitudinarias donde no ser nadie, canciones capaces de hacernos olvidar, poemas de naufragios anteriores, islas desiertas, lágrimas de cocodrilo, soles de madrugada.
Luc Dupont.
sábado, 10 de agosto de 2013
FLACO por Piero Galasso
Busque sentirse agraciado.Prepárese un combinado suave y relájese en su diván escuchando “Blue train” de Coltrane. Regálese ese momento reparador. Se lo ha ganado. Ha sido usted un remarcable individuo en el desempeño de su jornada laboral y se merece una victoria. Olvíde esas estupideces que copan su pensar arbitrariamente y abandónese al gozo. Siempre es mejor disfrutar un puro que apurar un cigarrillo en una situación como esta. Calma. No existe nadie más en su mundo. Usted es el ahora y el futuro cercano. Elija vivir en blanco y negro en la época de la alta definición. Macere su organismo con el suave rumor de la música . Imagínese el único convidado a un recital atemporal. Todo gira a su alrededor. Es usted la luz que gobierna un sistema planetario.
Le recomendaría un libro pero, dadas las circunstancias, se antoja primordial cerrar los ojos para redondear la situación y estar preparado. Experimente el sueño que le venga en gana antes del que ha de escaparse de su control. De tal modo que cuando la luz se disipe se convierta usted en director, guionista y productor y no se preocupe, la banda sonora ya la tiene de antemano. Por una vez, encadene al subconsciente, aunque se resista, y experimente el placer de recrearse en los recovecos de su mente. Y cuando la música termine y su diván adquiera una estupenda quemadura de cigarro puro, diríjase a la sala de baño, llene un balde de agua fría y sumerja su cabeza en intervalos de 5, 10 y 15 segundos. Acto seguido, acuda a la llamada de Morfeo con la curiosidad y el subconsciente desatados. Despeje la ropa de la cama, despójese del batín y deslícese entre las sábanas. Lentamente, le sobrevendrá la más dulce las muertes mientras, desde la carátula, John Coltrane parecerá contemplarlo con una mezcla de satisfacción y orgullo en su mirada.
Extracto del libro “ Aprenda a morir” de Ray Bradbury
Piero Galasso
jueves, 8 de agosto de 2013
FLACO por Luc Dupont
En el momento en el que los cuchillos de la cocina comiencen a afilarse con esmero cuando no los miras y las ventanas se tornan tapias de hormigón manchadas por las cenizas de cigarrillos olvidados, llega el momento de escapar limpio o mancharse entero y enfundarse de nuevo la piel de gitano camaleón capaz de imitar cualquier color y embadurnarse de cualquier estado de ánimo sin perecer.
Antes de cargar las escopetas y apretarse el cinturón de cuero para salir a la guerra, siéntate a fumarme, a consumir mi relato sin prisa por volver a sentirte miserable. En cada calada nuestros tiempos se abrazan y despiertan ante la certidumbre de que el tiempo es circular y donde te encuentras ahora no es más que la continuación de algo anterior y la precuela de un drama o comedia posterior que te dejará sin aliento ni motor.
Los pelos y la piel que dejamos cada noche en la almohada son las palabras que escribiste ayer, son ya tan poco tuyas como mías, al de ayer no se parece nadie. El de ayer era un tipo más.
Antes de cargar las escopetas y apretarse el cinturón de cuero para salir a la guerra, siéntate a fumarme, a consumir mi relato sin prisa por volver a sentirte miserable. En cada calada nuestros tiempos se abrazan y despiertan ante la certidumbre de que el tiempo es circular y donde te encuentras ahora no es más que la continuación de algo anterior y la precuela de un drama o comedia posterior que te dejará sin aliento ni motor.
Los pelos y la piel que dejamos cada noche en la almohada son las palabras que escribiste ayer, son ya tan poco tuyas como mías, al de ayer no se parece nadie. El de ayer era un tipo más.
Antes de rendirte, obsérvate y grítate tus vergüenzas , échate en cara todos y cada uno de tus miedos para acabar riendo y abrazando cada una de tus maravillosas derrotas. No somos más que escritores buscando la gran goma de borrar para comenzar a crear de cero.
Primero de volverte inútil y aterciopelado en el sofá, recuerda cuando volabas bailando con la más elegante de las mujeres. Acuérdate de lo bien qué vestías aquella noche y el halo mágico que desprendías. Allá fuera todos te miraban con el corazón en la mano esperando otro destello eléctrico de tu cajón de sorpresas.
Recuerda también cuando te subiste al escenario de la vida después de otro ocaso mortal y el silencio se apoderó del incrédulo público que aguardaba otra mediocridad del tipo solitario. Las miradas se afilaban mientras disparabas lindas palabras certeras escritas desde el órgano bombero de líquido rojo que siempre te salva. El verano volvió a su punto álgido gracias a tu gracia y verborrea. Todos te esperaban en la eterna sala de espera del jodido tiempo extractor de muelas amorosas y apareciste entero y redondo. Radiante.
Por eso, antes de ponerte loco y que le vomites tus entrañas al primero que pase, piensa. Ni verano ni Navidad son buenas épocas exorcizantes. Y si no haces caso y te vas a ningún lugar con la mirada perdida y el corazón reventado, explota con amor.
Luc Dupont.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)