lunes, 18 de julio de 2011

TORNADO por Luc Dupont

No se puede querer al pasado. Tú ya no eres tú, yo soy otro menos valiente. Más coherente quizás con lo que digo. Los movimientos frenéticos de mi corazón al acercarte se han convertido en movimientos nerviosos de pies deseosos de salir corriendo al acercarte. Y quemar los rastros. No se puede querer al pasado. Todo acercamiento a algo terminado sólo consigue propiciar que se agrande la distancia que nos separa, distancia pacientemente construida. No se puede retroceder. La telaraña de recuerdos endulzados por la imaginación no coincide con aquella realidad que no consiguió convencer, que no pudo ser eterna por falta de imaginación. Por falta de ganas.

Que siempre acabe dando las gracias no significa que quiera volver atrás, a un tiempo anterior donde me seguía faltando el aire y me sobraba tanto miedo como ahora.

Tú dices que el tiempo te trata bien, cada vez tienes más pares de zapatos; has ido ascendiendo. Y cuando miras en mi dirección no puedes ocultar la falta de ilusión en tus ojos, la pérdida repentina de tu lejana inocencia.

Poco cambio, poco he cambiado y poco cambiará mi esencia cuando me muera, espero que lo más tarde posible. Están las ganas que espero que nunca me falten y cada vez sean más y más grandes, que la fuerza se convierta en potencia bien controlada que me guíe por mi camino. No soy un súper hombre, no voy a batir el récord de velocidad ni soy el más fuerte. Un tornado puede venir para tumbarme, una piedra en el camino puede hacerme perder el norte.

No todo lo que brilla es genial ni tenemos porqué vivir conforme a lo que los demás deciden que es correcto o no. Estar loco no significa encontrarse en un centro de enfermos mentales. Estar loco es vivir la vida de otro.


Luc Dupont.

martes, 12 de julio de 2011

LIGERO por Piero Galasso

¿Has sentido alguna vez esa sensación de que todo está bien y que sólo resta disfrutar del momento?

Surge sin, huelga decirlo, premeditación ni notificaciones en Facebook. Sólo tienes que dejar que el océano convierta tus cabellos en una segunda piel para tu cráneo y escuchar el griterío de 3 niños ingleses que juegan a Gaudí, escurriendo arena mojada entre las grietas de sus puños. No te molestan, del mismo modo en que el quejido de tres árboles autóctonos jamás entorpecerá el avance de la atemporal y vasta Galicia. Forman parte del paisaje.

Es de las pocas situaciones en mi vida donde he perdido la prisa y el rubor de la cotidianidad despareció de mi alma convirtiéndome, por momentos, en inmortal. No surgieron preguntas, mi cerebro esquivó esas preguntas estúpidas que nos acechan cada día siendo la semilla de nuestras experiencias. Evitar esas preguntas consiguen eliminar ese apestoso traje de personaje de novela de Carver, que escupe y escupe en la tinaja destinada a tal efecto deseando ser el espectro de Jack London o de cualquier otro héroe con un nombre envidiable por musical.

No es que fuera la primera vez que flotaba en un mar cualquiera con mis pies apuntando hacia la arena, es que 4 segundos antes de ese ponderable momento me dí cuenta de lo peripatético de la situación vital que atravesaba. TODO cobró sentido en un milisegundo, mi vida era por extravagante perfecta, por irreal fantástica. Sentí que todas mis preocupaciones estúpidas propias de un adulto medio desaparecían convirtiéndose en sal para aupar mi cuerpo un poco más hacia el éxtasis. Lo mejor de perder la más pura de las virginidades del intelecto es que al único al que se lo quiere contar es a tu propio yo.

Es fantástico dejar de ser la circunstancia que va unida a un todo y ser todo por primera vez en la vida.


Piero Galasso

viernes, 8 de julio de 2011

LIGERO por Luc Dupont

Vas creciendo, o envejeciendo; que son dos términos opuestos y unidos. Madurar para brillar o languidecer para pudrirte, dejando que el tiempo pase por tí sin que te afecte un ápice, sin que tu corazón se resienta. Se está tan seguro en tu burbuja, hace calor ahí dentro y suenan las canciones de todos los días. Repito la misma secuencia hasta la saciedad. ¿Merece la pena dejar el hogar para equivocarse? ¿Merecen la pena las cicatrices que dibujan tus episodios? A veces la respuesta a todas las preguntas es una intensa soledad que no se cura con el tiempo. Es de esas sensaciones pegadas a tu piel de viajero espacial.

Yo tengo un hogar con paredes de cemento que me protege del aire nocturno. Yo ya he pagado mi hipoteca y disfruto de una propiedad preciosa y recién pintada. Tengo las llaves de mi vida conmigo, esperando a estar solo para seguir construyendo.

Y ahora no hay tiempo, la cuenta atrás ya es un tornado que ha devorado todo a su paso. Hoy tocamos en Barcelona y la gente ha pagado 40 euros por escuchar mi dulce voz en el Palau Sant Jordi. Y como siempre los nervios me persiguen en el camerino. El miedo se esparce rapidamente por mis venas hasta hacerme enloquecer.
Las luces te cegarán, el sonido potente que escupen los mega altavoces ensordecerán tus oídos nada más comenzar, la cerveza mezclada con lo que sea te ayudará a verme enorme, soy la súper estrella del rock; soy esa actitud que quieres imitar. Lo sé, subido encima de ese escenario derrocho una fuerza díficil de igualar, nací para cantar en un grupo. Me tachan de niñato y las críticas de tipos presuntamente preparados y demostradamente amargados me destrozan sin compasión. ``Venden música chicle´´ ``...este disco es la confirmación de que deberíamos dejar de incluir a estos grupos dentro de la sección musical.´´ No todo el mundo te puede amar, los tipos de verdad nunca dejan diferente. Las personalidades extremas están abocadas al estrellato o a estrellarse. Sólo prometo que me dejaré la piel.

Si no cantas antes de salir, te puedes morir.

Luc Dupont.

martes, 28 de junio de 2011

ESPEJO por Piero Galasso

En Inversia las nubes emulan los estados de ánimo de las personas que la habitan. Cada persona ve en su reflejo en el espejo a su hermano y , si se carece de familiar tan directo, al primo más cercano, sino , al progenitor del sexo apuesto. Nadie conoce la forma de su cara porque ellos creen ser la persona que ven en el reflejo, entonces es imposible que ese pequeño secreto les sea desvelado. Las leyes en este país son por todos acatadas y , también, poco comunes a los ojos de los forasteros. Hubo una vez un sinvergüenza llamado Teodoro Blandoladiéguez quien dijo que a los habitantes de Inversia deberían amarrarlos con sus propias vísceras a la isla de la basura que surca el Pacífico para servir de alpiste a las volátiles gaviotas. ¡Pobre infeliz! ni que el cuento ese de la isla basura fuese cierto.

La vida en Inversia es posible debido al cultivo, recolecta y posterior venta de la peculiar flora que el sol, la tierra y las lluvias tuvieron a bien concedernos. Somos potencia mundial en exportación de clarinodios y no se nos da nada mal hacer cerveza de pasonagios, la cual es de gran popularidad en la Bretaña francesa, vaya usted y pregúnteles el porque. El clarinodio es un fruto que surge del clarodio y cuando uno está cerca del árbol siente una paz interior impepinable. Pero, una vez degustado el fruto del clarodio, le entra a uno un odio irreflenable hacia el imperialismo y el capitalismo. Naciones como Cuba, Corea del norte son nuestros principales compradores. Antiguamente, el mercado era más extenso y hemos ido perdiendo cartera de clientes a nivel estatal. A nivel particular, tenemos un estupendo comprador de Caracas, que compra toneladas del fruto bajo el nombre de Bushca Brónasno, e innumerables compradores de las naciones surgidas de la vieja U.S.S.R., (sic) estupendo país extinto, y diversos gentilhombres de nombres que comienzan por Al .

Las relaciones interpersonales son un tanto curiosas porque al no conocer su verdadero rostro ni el de sus familiares directos, el incesto está a la orden del día. Al principio de los tiempos de Inversia los cirrocúmulos y los estratocúmulos se escandalizaban ante tales prácticas y huían hacia la estratosfera mientras a los nimbos se la traía al pairo y sólo descargaban sus interiores cuando se sentían demasiado solos ahí arriba. Por lo demás , el resto de los elementos atmosféricos sólo variaron cuando se proclamó la I República Inversa, conocida en los libros de historia como el peor momento social de toda la historia del pais. Los anarquistas decidieron que todo el mundo debía caminar con 5 jerseys en cada mano y un cesto blanco en la cabeza para protegerse de la posible ira de los nimbos, lo cual desmereció mucho la estupenda política educativa de esa etapa.


Página nº 10 del cuaderno de Bitácora de Helmut Börg , marino alemán (1899-1996)


Piero Galasso

miércoles, 22 de junio de 2011

ESPEJO por Luc Dupont.

El túnel hace que la emisora se pierda y deje de sonar la nueva y odiosa canción de LAdy Gaga. Por una vez agradezco el silencio provocado por la poca fiabilidad de esa antena colocada en el techo de mi amado bólido.

Un silencio que se rompe enseguida por el ruido de claxons de autos. O pitos de coches. Debe haber ocurrido un accidente u otro incidente que ha provocado un pequeño atasco en este corredor oscuro. Y, por supuesto, la gente se ha puesto a pitar sin pensárselo dos veces. A pitar, a pitar, a pitar. Somos así.

Los gatos de ciudad somos solitarios y maleducados. Dicen. Cuanto mayor es la urbe, más grandes son los comentarios despectivos y las leyendas sobre nosotros, animales semi domesticados. Somos egoístas y carecemos de ese sentimiento de pertenencia a un grupo como tienen los canes, o los chinos.

Cada vez son más los coches que se van sumando al concierto improvisado de la tarde, uniéndose uno a uno para formar una uniformidad sinfónica, un canto dedicado a la imperante necesidad de llegar a algún sitio cuanto antes, para una vez allí volver a tener prisa.

Una mirada por el retrovisor. Eso fue todo. Un momento. Te ví. Y ví en tu mirada mis ojos reflejadas, extraño truco magnético. Le diste al click y paraste el mundo. Por mi mente pasearon los planetas en extrañas alineaciones. Y me sonreiste como si fueras una niña traviesa, como si estuvieras descubriendo el mundo, como si me hubieses observado desde hace años desde tu galaxia. Y dejaste que te sonriera. Y te fuiste.

Y la frecuencia volvió para recuperar ``Cosmic girl´´ de Jamiroquai.

Luc Dupont.

domingo, 12 de junio de 2011

PREGUNTA por Luc Dupont

Conocí a Marciano García por casualidad, como supongo que se conoce a todo el mundo. Cuando rememoramos cómo comenzó una gran amistad o nuestra gran historia de amor revivimos las circunstancias que se tuvieron que dar para que todo lo que pasó después ocurriese. Y nos preguntamos qué hubiese pasado si algún factor de la cadena del destino hubiese fallado y el frágil castillo de naipes se hubiese destruído completamente robándonos algo importante de nuestra vida. La desaparición de un pequeño detalle aparentemente nimio dentro del conjunto provocaría la desintegración del resultado, algo que nunca podriamos echar en falta ya que no conoceríamos si no hubiese pasado.

¿Qué hubiese pasado si el día que conocí a Marciano no hubiese salido de mi casa, qué hubiese ocurrido si al verle resbalar en la acera mojada yo no me hubiese detenido? ¿Y, hubiese sido posible conocerlo si no le hubiese cogido del brazo y le hubiese preguntado si estaba bien, si se había hecho daño? ¿Nos da la vida una segunda oportunidad para conocer a alguien? ¿Nos da la vida otra oportunidad para besar a alguien a quien ya conocemos?

Lo único que sé es que si no se hubiesen dado una serie de circunstancias practicamente imposibles en su posibilidad mirando las combinaciones matemáticas de la estadística yo no estaria aqui sentada compartiendo una copa de vino (tinto, un Navarra bastante decente) con el señor Marciano, dueño él ya de mis deseos y mis obsesiones.

Desconozco si la carne es tan débil como la espontaneidad de las frases hechas y los refranes populares; pero cuando una o uno cae rendida en las ensoñaciones de un desconocido y se enamora perdidamente de una persona inesperada siempre nos pasea por el subconsciente la duda de si él es un individuo especial capaz de comprender mi esencia, o si simplemente resulta que yo pasaba por allí y el tipo se resbaló torpemente.

Luc Dupont.

martes, 7 de junio de 2011

PREGUNTA por Piero Galasso

-En sus últimos años de vida, Agniezka Pavlova era una mujer intrigante con forma de paraguas y que olía a otoño tardío, casi invierno. Recubría su cuerpo con largos vestidos de colores que recordaban a una mezcla de musgo y telarañas y por mascota portaba un sapo pestilente y no menos gigante del Amazonas.

Todas las mañanas a las 11 menos 5 minutos, Agniezka salía a pasear a su anfibio predilecto por las inmediaciones de su edificio situado en la Rue de Godard 13,a escasos cinco minutos a pie de la magnífica Grand Place, en la ciudad de Bruselas. Al sentirse observada por los niños y mayores que se la cruzaban por la mañana, entornaba los ojos y tras disfrutar internamente de la dicha del solitario, mostraba una sempiterna dentadura dorada que provocaría real envidia al pudiente Salomón.

Su particular higiene acompañada de su esbelta figura generaba opiniones dispares que alimentaban una rumorología de la cual ella se sentía exenta, como es natural. Todos aquellos curiosos nunca imaginarían que aquella extraña mujer había sido primera bailarina del Ballet de Moscú, Doctora en Química y Biología por la Universidad Estatal de Kazán, descubridora de nuevas tribus en las selvas de Brasil, apasionada mujer del antropólogo y arqueólogo Vania Orypev y autora ,entre otros artículos de investigación, del " Estudio cualitativo y cuantitativo de la decapación y torsión de la celulosa a distintos niveles" publicado por vez primera en 1823, en un semanario de la universidad anteriormente citada.

Dicho estudio no tendría fama de no ser por la casualidad de que una soporífera tarde de Marzo, asistiendo a un recital de clavicémbalo en casa de los Schömbol, Hans Germischt decidió hojear la revista de divulgación más conocida de Hamburgo, Ich mag die Gurke, donde este ávido empresario de la industria papelera reparó en el estudio de la señorita Pavlova. Rápidamente, logró ponerse en contacto con Agniezka y juntos dieron con la fórmula y la forma del papel higiénico tal y como lo conocemos hoy en día.

Un par de personas se bastaron para revolucionar un mercado que , como bien sabes, nos ha hecho la vida mucho más placentera substituyendo a las hojas de lechuga para tan íntima actividad. Y , dime, Natalita, ¿responde eso a tu pregunta sobre el origen del papel higiénico?


Piero Galasso