viernes, 1 de febrero de 2013

ENREDO por Piero Galasso


Ocurre todos los días. Gritos, carreras,coordinación, impacto, éxito.Y momentáneamente, viene la dicha y su postgusto. Hasta que vuelve a girar la rueda y lo mismo, con mayor o menor grado de fortuna, se repite una y otra vez. Porque eso representa para los niños una pelota, la cancha, en definitiva, el fútbol. Ponerse de acuerdo unos con otros para engañar a los contrarios y soltar chanzas todos juntos y abrazarse celebrando un triunfo colectivo. Incluso el apático barrilete carente de conocimientos de  astronomía alguna que paladea su caramelo de dulce de leche es partícipe  de la victoria porque distrajo a un oponente con una milonga cualquiera sobre la polera de la mina que le gusta. Al carajo se van las provocaciones al rival, los golpes y los malos gestos y empellones. Convertimos, lo logramos, comenzamos de nuevo hasta que sea de noche o tengamos que retornar al aula o las viejas comiencen el histérico y temido  llamado que ponga fin al juego. Y en todos los lugares donde los niños son libres tras un balón, hay uno que ríe con cualquier giro, admira a los contrarios virgueros pero se sabe mejor y más determinante. Normalmente es el que no juega a míster , el que la toca sabiendo por donde saldrán los compañeros y los de enfrente, el que se anticipa , el que más rie corriendo hacia su meta a juntarse con los compañeros en un abrazo sin parangón tras entregar la bola a la red de los otros. Ése es Messi.  Este muchacho descose la pelota a cada lance, cada jugada y la transforma en una línea recta que, siguiendolá, los contrarios pueden saber por donde se les fue, nunca por donde se les va a ir. Parece un obstinado niño falto de cariño al que sólo se le ocurre convertir para llamar la atención de sus compañeros , prolongando un afecto grupal que parece no tener fin. Sólo te pido, Dios, que nunca jamás la redonda se torne cuadrada porque me matás al niño, al bueno de verdad, porque le das la posibilidad de meterla por la escuadra de manera perfecta, que es lo que parece empeñado en conseguir lance tras lance. Háganme el favor de orar todos conmigo.


Piero Galasso

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