lunes, 11 de octubre de 2010

PODER por Luc Dupont

El sol espera por Mara, son las siete y comienza otro día en el mundo gris. Como un mecanismo automático, se mete en la ducha y el agua se traga su cuerpo. Sin pensárselo coge una camiseta y un pantalón del armario, que más da qué ponerse, enseguida estará en la oficina disfrazada de mujer exitosa, seria y trabajadora; una chica formal, sin opiniones extravagantes ni comportamientos impropios; de ella se espera que se comporte como una persona corriente. Una chica con esa belleza acabará encontrando un hombre que la cuide, necesita protección. Eso dice la gente.
Los buenos días del jefe siempre van acompañados de una radiografía visual; detrás de su sonrisa de viejo verde se esconden sus deseos de dominarla, qué orgulloso se siente de tener una obra de arte en propiedad. Mara sonríe, siempre se muestra encantadora, un poco asqueada por la saliva segregada por su superior, pero qué se le va a hacer, el mundo es así. Hoy vienen varios clientes importantes, y el resultado es conocido. Entrarán en el despacho de Mara con esos ojos de animal selvático, con el instinto primitivo de seducir a la hembra. Y ella hablará de temas triviales, fingirá un leve coqueteo con ellos, se tocará el pelo mientras les expone los detalles del contrato, les mirará con esos ojitos mientras ellos firman el acuerdo. Ella aprovechará que sus mentes se encuentran embotadas por la testosterona. Todos caen, todos muerden. Y esas continuas victorias hacen crecer el orgullo del jefe supremo, es que es tan linda ella...
A Mara le encantaría asesinar a su pervertido jefe. Aparecer un día, mansa como siempre, reírle sus gracias machistas e infantiles, rozarle el brazo a ese niño acomplejado, susurrarle al oído que esta loca por él, que su atractivo masculino es demasiado poderoso para su corto entendimiento femenino, pobrecita. Y meterse en su despacho, quitarse la camisa delante de él, observar cómo se relame ese cerdo. ``Tócame las tetas, querido, he estado tanto tiempo esperando esto...ojalá pudiese encontrar un hombre como tú, te has hecho a ti mismo, eres tan macho, tu coche es tan grande, tu poder me pone cachonda. Al final es lo que buscamos todas, ya sabes...no me importa que seas calvo y repulsivo, tu barriga sebosa y enorme no es un obstáculo para tu atractivo imparable, no te preocupes. Tampoco importa que no tengas personalidad, no mezclo lo personal con lo profesional, no importa que trates a tus empleados como ganado, que le pases por encima a todo el mundo, yo sé que lo haces por tu empresa, cualquiera lo haría...que digo yo...no me acordaba de que soy una chica guapa, es que a veces me da por pensar...ya ves, mejor me callo, tú eres el hombre, hazme sentir tu poder, hazme tuya, penétrame con ese falo dominante.´´
Que bien estaría verle gozar, ¿eh Mara? Observar cómo ese cretino se llena de deseo y rezuma sudor y olores nauseabundos. Hacerle sentir que te posee, que tenía razón y que eres un cuerpo, rendirte ante el rey. Y, justo antes de que eyacule dentro de ti y te impregne de veneno, coger la grapadora que tiene encima de la mesa y comenzarle a golpear el cráneo. Uno, dos. Te gusta también esto ¿Eh, vicioso? Y ver cómo sus ojos se quedan en blanco, como los gemidos se convierten en agonía. Su cara se está tiñendo de rojo, y tú sigues golpeando a un cuerpo ya inerte. ¡Vaya, pero si tienes un cuchillo! Qué perfectas las fantasías, querida. Grábale tu nombre en el pecho, que cuando vean el cadáver de un gordo sepan que acabó siendo una pieza de carne perteneciente a alguien. Cien kilos de masa inútil propiedad de Mara.
Qué bien estaría ¿Eh, Mara?


Luc Dupont

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